Todo ese fuego – Ángeles Caso

Todo ese fuego narra un día cualquiera de la vida de las tres hermanas Brontë. Emily, Anne y Charlotte pasan la mañana haciendo las tareas del hogar, y mientras tanto rememoran los acontecimientos importantes que les han hecho ser como son. También reflexionan sobre la escritura, y lo diferente que es el proceso creativo de cada una.

Una calle de Londres en la época victoriana

Ángeles Caso nos hace viajar en el tiempo.

La ambientación es perfecta; la descripción de las relaciones familiares y sociales también; además, los pensamientos íntimos de cada una de las hermanas reflejan la época y el contexto en el que les tocó vivir. La constante discriminación que sufrían las mujeres en la sociedad victoriana está muy presente a lo largo de la obra.

El estilo es directo, muy fácil de leer, pero a la vez incluye algunos párrafos tan bellos como este:

«Somos indiferentes a la sonoridad vulgar del mundo. Si prestáramos atención a cada uno de los sonidos que nos rodean, nos volveríamos locos. Estallaríamos de estrés, o nos moriríamos de nostalgia. La dolorosa añoranza de todo lo perdido. La voz del padre cuando nos recitaba poemas, o la de la madre al cantar. La promesa de la dicha vibrando en los labios del hombre al que amamos por encima de todos los demás la primera vez que pronunció nuestro nombre. El bramido magnífico de las tormentas en los veranos de la adolescencia… «

Mientras leía me parecía estar paseando por los páramos, o sentada en la sala con ellas. Porque en esta historia todo fluye con naturalidad, los recuerdos se integran perfectamente con el presente, y las transiciones son sutiles. Creo que la autora ha hecho un gran trabajo.

En Todo ese fuego es difícil saber exactamente qué forma parte de la biografía contrastada y qué pertenece a la imaginación de la autora.

En cualquier caso, es fácil creer que todo sucedió así.  Por ejemplo, las leyendas que cuenta Tabby, la sirvienta, son fácilmente reconocibles en Cumbres Borrascosas. Resulta curioso ver a Emily pelando patatas mientras habla con la criada sobre el fantasma que se apareció durante el parto de una vecina, o a Charlotte planchando la ropa mientras piensa en su proyecto de abrir una escuela para niñas.

Emily, Anne y Charlotte, pintadas por su hermano Branwell

El carácter de cada una de las hermanas está muy bien plasmado.

Me encantan sus diálogos y sus interacciones: las manías de hermana mayor de Charlotte, la rebeldía de Emily y el papel conciliador de Anne. Yo siempre había pensado en cada una de ellas por separado, como autora de su propia obra. En Todo ese fuego, sin embargo, las vemos interactuar como parte de una familia. Eso me lleva a pensar en cómo se influyeron mutuamente, y cómo pudo afectar eso a sus textos.

Las dificultades económicas, las experiencias sufridas en sus empleos como institutrices y la educación tan particular que recibieron sin duda dejaron huella. Pero a mí las escenas que más me han impresionado son las que narran la convivencia con un hermano alcohólico y violento, que por el mero hecho de ser varón tuvo un trato privilegiado y más oportunidades que ninguna de ellas. En palabras de Charlotte:

«La vida le había permitido que desplegara sus alas de hombre y volara tan lejos como quisiera, mientras ella y sus hermanas se veían obligadas a amputárselas y llevar a rastras el dolor. Y él, sin embargo, se las había arrancado a pedazos voluntariamente, a conciencia, y ahora les tiraba a ellas encima aquellos trozos sanguinolentos y les exigía que le lamiesen las heridas».

El reverendo Patrick Brönte

 En Todo ese fuego también hay un protagonista masculino.

Me gustan mucho las páginas que tratan sobre Patrick Brontë, el padre de la familia. Es muy interesante compartir sus dudas sobre si educó bien a sus hijas, y su miedo al futuro que les espera. Pero también sus pensamientos sobre religión y otros temas importantes.

Todo ese fuego trata diferentes aspectos de la creación literaria.

Emily y Charlotte debaten sobre si se puede o no matar a un protagonista. Hablan del miedo a los críticos, de la necesidad de usar un seudónimo, y de otras cuestiones.

Me ha gustado especialmente un diálogo del que copio este fragmento:

«–Emily, si tú misma estás convencida de que está llena de mal y de violencia y de que no gustará, ¿por qué no escribes otra cosa?

–Porque no quiero escribir otra cosa. La vida es así. No es como pretenden contarla todos esos escritores remilgados y cursis. La vida es furia y hielo. Deberían ver cómo viven las prostitutas, y los obreros, y los granjeros de los páramos. Deberían conocer a todos los Branwell del mundo, con sus borracheras y su fracaso y su desolación, y a lo mejor dejaban de escribir todas esas tonterías».

Esta novela incluye también algunos poemas escritos por las hermanas.

Los de Charlotte me han gustado. Pero los de Emily me han impresionado por su tremenda fuerza.

El epílogo de Todo ese fuego es excelente.

Se trata de un texto puramente biográfico, sin ficción. En él, Ángeles Caso desmiente algunos malentendidos históricos acerca de estas tres hermanas. También aporta datos sobre lo que pasó tras la muerte de Anne y Emily. 

En conclusión, Todo ese fuego me parece una novela muy bien escrita, en la que se nota el trabajo de documentación que realizó la autora. Tras leerla, tengo la sensación de conocer personalmente a estas tres maravillosas escritoras, a las que siempre he admirado.

Es una lectura amena, directa y sencilla, que ayuda a comprender mejor las obras de Anne, Emily y Charlotte Brontë.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leído este libro?¿Os parece interesante? Espero vuestros comentarios.

Por hoy me despido, nos vemos de nuevo la próxima semana. Hasta entonces, ¡disfrutad de la lectura!

 

 

 

 

 

 

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