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Flush – Virginia Woolf

Flush es la historia de un perro. Sí, de un perro normal y corriente, que no es un héroe, ni tiene superpoderes. Lo que sí tiene es un ama muy especial, que lo quiere tanto que es capaz de enfrentarse a la sociedad para defenderlo: nada menos que la escritora Elizabeth Barrett Browning.

Al principio, Flush es un cachorro feliz.

Se cría en el campo, corriendo libre y siendo fiel a su naturaleza. Es padre antes de alcanzar su mayoría de edad, caza y disfruta del amor de sus propietarios.

Pero pronto es entregado como regalo a Miss Barrett.

Entonces tiene que aprender a vivir encerrado en una habitación, porque su nueva ama es inválida, y apenas sale de casa.  Wilson, la doncella, saca a Flush a dar breves paseos, que siempre son insuficientes:

«La primera lección que aprendió en la escuela- dormitorio consistió en sacrificar, en controlar los instintos más violentos de su ser… Y esta lección era de una dificultad tan portentosa, que con mucho menos esfuerzo aprendieron griego muchos eruditos».

Virginia Woolf describe con mucha sensibilidad el esfuerzo que hacen nuestras mascotas para adaptarse a la vida humana. También me gusta mucho cómo se va forjando el vínculo entre Flush y su ama, a pesar de que muchas veces no se comprenden. El amor mutuo que se profesan es conmovedor.

Elizabeth Barrett Browning

Este perro es muy sensible, y percibe cosas de las que los humanos no se dan cuenta.

Virginia Woolf ha hecho un gran trabajo, retratando cómo se ve el mundo desde el punto de vista de un perro. Un universo de olores, sonidos y pequeños detalles que a nosotros nos pasan desapercibidos. Flush siempre sabe con antelación que se avecina un cambio, y se asombra de que los humanos sean tan ciegos. Ante él no se puede disimular. Pero eso le hace pasar mucha angustia, por ejemplo en esta escena:

«Escaleras arriba se acercaban las temidas e inexorables pisadas; venía hacia ellos… Ya puso la mano en la puerta. El pestillo giró. Allí estaba.

–Mr. Browning– dijo Wilson».

Sesión de espiritismo

Nuestro protagonista está presente en todos los momentos importantes de la vida de su dueña. A través de sus ojos podremos experimentar la evolución de su romance, su matrimonio secreto, su pasión por el espiritismo, y muchos otros detalles interesantes. Este punto de vista tan original enriquece la narración, porque Flush no comprende lo que está sucediendo, y su tensión se transmite al lector. Además, su testimonio tiene una ventaja:

«Ni una sola de sus innumerables sensaciones se sometió nunca a la deformidad de las palabras».

Este perro tiene una voz propia y un monólogo interno.

Flush aprende, evoluciona y a veces incluso tiene pensamientos filosóficos:

«¿Pero qué es eso de “uno mismo”? ¿Lo que ve la gente? ¿Lo que uno es?»

Flush reflexiona también sobre la sociedad. Se da cuenta de que en Londres hay perros de clase alta, y otros de baja clase. Toma consciencia de que él es un perro de muy buena cuna, y no puede evitar ser un poco snob. Pero años después, tras un tiempo viviendo en Italia, se producirá un cambio en su mentalidad:

«Llegó al convencimiento de que los tupés claros no son forzosamente una desgracia. Eso le llevó a revisar su código. Cada día era un poco más democrático… «

Gracias a Flush, Elizabeth Barrett Browning escribe uno de sus mejores poemas.

El capítulo en el que se narra el secuestro de Flush es con diferencia el mejor de la novela. En él se mezcla la ironía de Woolf con una clara denuncia social. Miss Barrett tiene que enfrentarse a su propia familia y a todos sus vecinos, decididos a impedir que pague el rescate para que le devuelvan a su perro. Pero no se deja amilanar. Al contrario, sube a un coche y se arriesga a internarse en Whitechapel para rescatarlo. Las imágenes que ve allí se quedarán para siempre en su memoria, y la inspirarán para escribir Aurora Leigh.

Barrio de Whitechapel en época victoriana

Mientras tanto, Flush vive durante días en un sótano repugnante, junto a hombres y mujeres sucios, embrutecidos por la miseria y el alcohol. El capítulo describe con toda crudeza las condiciones insalubres en las que malvivía la mayor parte de la población, el terror que experimenta Flush, y la crueldad de sus secuestradores. Es muy duro, pero muy realista.

Esta biografía canina no es una gran novela.

Hay que reconocer que Virginia Woolf escribió obras muy superiores a Flush.

El hecho de que, durante gran parte de la narración, Flush esté encerrado en casa, hace que nos muestre muy pocas cosas de Londres. Realmente no nos transmite la vida cotidiana de la ciudad, y tampoco hay mucha acción. Forzosamente, toda la primera parte de la novela es muy tranquila e intimista.

Tras la llegada a Italia hay más acontecimientos, pero el narrador no puede profundizar en ellos. Por ejemplo, Flush percibe el gran interés de sus amos por la revolución y la política, pero no entiende por qué les apasiona tanto. Tampoco puede proporcionarnos bellas descripciones de Florencia y sus obras de arte. Es un perro, a él lo que le interesan son los olores, no la arquitectura.

Sin embargo, la historia resulta interesante.

El gran contraste entre Inglaterra e Italia, en el que se incide mucho, me llama la atención. También disfruté con los fragmentos de cartas de Elizabeth Barrett Browning, en los que describía a su perro. No sé si son reales o inventados por la autora, pero en cualquier caso, son una delicia. Me encanta lo bien retratada que está la sumisión de la mujer victoriana a su padre, representada mediante el miedo que siente Flush por Mr. Barrett. Y en las notas finales, Virginia Woolf incluye una reflexión que quiero destacar:

«Las novelas inglesas de la cuarta década del siglo pasado apenas si se ocupan de las vidas de las doncellas que servían a las damas, y los biógrafos no han proyectado sus reflectores hasta un lugar tan bajo».

Ella, por su parte, destaca y valora mucho el papel de Wilson, siempre fiel a Miss Barrett, hasta el punto de enfrentarse a su miedo y acompañarla a Whitechapel. Intenta incluso reconstruir su biografía, pero descubre que apenas hay información sobre ella.

En definitiva, Flush me parece una lectura muy recomendable.

Es una historia corta, original, muy bien escrita y con un exquisito sabor victoriano. Si bien no tiene toda la genialidad característica de las obras de Woolf, sí que se nota su habilidad técnica, y hay algunos destellos de su ironía. La trama es amena y entretenida. Además, tras leer este libro tengo la sensación de conocer a Elizabeth Barrett Browning, porque su carácter queda muy bien reflejado. Y ahora tengo muchas ganas de leer y descubrir a esa gran poetisa que ha dejado huella en la historia de la Literatura inglesa.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leído esta novela? ¿Os apetece darle una oportunidad? Espero vuestros comentarios.

Por hoy me despido con un abrazo para todos. ¡Leed mucho!

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