Leer como bloguera

Hoy me gustaría reflexionar sobre lo que ha supuesto el blog en mi forma de leer.

Yo suelo bromear diciendo que nací con un libro en las manos.

Porque lo cierto es que desde muy pequeña amo la lectura, es una auténtica pasión para mí. Me recuerdo de niña, cuando llegaban las vacaciones de verano: empezaba un libro después de comer y se me hacía de noche sin darme cuenta. Me sentía como Josephine March, uno de mis ídolos de la infancia.

Tuve la gran suerte de que en mi casa nunca hubo censura literaria.

Pude leer lo que me apeteció, desde cuentos infantiles hasta Guerra y Paz.

Algunas de esas obras no las comprendí, y tampoco retuve nada de ellas en la memoria. Las que eran demasiado profundas para mi edad me dejaron la sensación de merecían una relectura. De hecho. la mayor parte de los clásicos que he leído de adulta, ya los había descubierto de niña.

Esa libertad me ayudó a crear una curiosidad lectora insaciable, y me enseñó a mantener la mente abierta. Supongo que es una de las razones por las que ahora, que ya he pasado de los cuarenta años, puedo seguir disfrutando plenamente de la literatura infantil y juvenil. La diferencia es que ahora no leo simplemente por placer.

No sé si a vosotros os pasa, pero mi forma de leer ha cambiado por completo desde que escribo este blog. 

Por ejemplo, ahora elijo con cuidado mis próximas lecturas. Se acabó eso de ir a la librería, o a la biblioteca, y llevarme el primer libro que me llame la atención. El blog exige una planificación previa.

Yo hago cada mes una lista con los libros que voy a leer el mes siguiente. Para ello he probado diferentes métodos, desde guiarme por las efemérides literarias hasta simplemente escoger al azar entre los que he anotado en mi eterna lista de lecturas pendientes.

Ese es otro cambio fundamental: la lista de lecturas pendientes.

No sé si a todos los blogueros les pasará lo mismo. En mi caso, me hace mucha ilusión que alguien lea lo que he escrito, y para ello es fundamental apoyarse en las redes sociales. Pero cuando empiezas a hacer contactos, a responder a comentarios, y a contestar preguntas de otros usuarios, es inevitable encontrarse con reseñas interesantes de libros que aún no has leído. A ellas se suman las recomendaciones de los blogs a los que sigo.

Al principio apuntaba los títulos y autores con ilusión. Pero, con el tiempo, el listado de libros por leer ha sobrepasado ya los cien nombres.

Así que he optado por leer cada mes como mínimo dos registros de esa lista, variando las categorías. Un mes toca poesía y clásicos. Otro mes novela contemporánea y teatro. Al siguiente ensayo y relato corto. Y así se va configurando el calendario mensual.

Pero para hacer interesante el blog también es imprescindible estar al tanto de las novedades.

Para mí esto es lo más difícil, porque cada mes me resulta una auténtica tortura elegir entre tantas buenas propuestas. En España tenemos editoriales poco conocidas con un catálogo excelente; a menudo me gustaría poder comprar y leer la mayoría de los nuevos libros que se editan o reeditan ese mes. Y como no puedo, muchos se van a la lista de lecturas pendientes. Es un círculo vicioso del que no sé cómo salir.

En 2019 compré una media de tres novedades mensuales. Muchas de ellas aún no he tenido tiempo de leerlas, así que cuando por fin publique su reseña ya no serán novedades. Por tanto, este año no cometeré el mismo error. Compraré menos libros, y me centraré en disfrutar plenamente de los que ya tengo.

A la hora de leer también hay un antes y un después del Blog. 

Parece una tontería, pero ahora ya no puedo ponerme a leer sin mis post-it o un cuaderno para tomar notas.

Antes simplemente disfrutaba de la historia, a veces incluso leyendo en diagonal, y no me importaba si se me escapaba algún detalle. Pero ahora, mientras leo, voy señalando cosas: detalles de la estructura que me resulten interesantes (por ejemplo, si hay saltos temporales); alguna frase o párrafo que quiera incluir en la reseña o en redes sociales; características de los personajes que quiero destacar, o cualquier otro aspecto relevante que me pueda ayudar después a la hora de escribir el post. Casi podría decir que más que leer, estudio el libro.

Y hay otra cosa que ha cambiado. Yo decidí reseñar solamente los libros que realmente me gusten, salvo muy contadas excepciones. Así que mientras estoy leyendo, inconscientemente ya estoy analizando si el libro da para reseña o no. Y cuando lo cierro, debato brevemente conmigo misma si lo voy a reseñar.

La última diferencia es que, antes de escribir el blog, me obligaba a mí misma a terminar todos los libros que empezaba. Ahora me he dado cuenta de que hay muchos libros por descubrir, y muy poco tiempo para leer. Así que si un libro no me engancha, simplemente lo dejo y cojo el siguiente. A no ser que sea para un podcast, que entonces…pero del podcast ya hablaremos en otra ocasión.

En general, aunque sí que he perdido espontaneidad, creo que ahora disfruto más intensamente de cada lectura, porque me concentro más mientras leo. La experiencia del blog es realmente satisfactoria, y una de las cosas buenas que me ha aportado es esta nueva perspectiva. Y por supuesto, la curiosidad por probar nuevos géneros que antes no leía, como el ensayo, al que me he aficionado gracias a las reseñas que me voy encontrando.

Espero que os haya resultado interesante este artículo, aunque sea más personal de lo que suelo escribir. Me gustaría mucho leer vuestros comentarios al respecto. Y si vosotros también escribís un blog, ¿os ha pasado lo mismo que a mí? ¿Ha cambiado en algo vuestra forma de leer?

Por hoy me despido hasta la próxima entrada. Un saludo a todos, y seguid disfrutando de la lectura.

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