Poesía por San Valentín

“Según crecía en años, mis sentimientos empezaban a sentir extraños y dulces dolores. Todo mi corazón experimentaba una necesidad indefinida y errática, hasta el día en que encontré lo que necesitaba, y eras tú. Perdí mi ser, absorbiéndolo en el tuyo. El mundo dejaba de existir, y tú ante mí aniquilaste La Tierra.”

-Lord Byron.Este post es el primero de los tres especiales de San Valentín que publicaré esta semana. El de hoy está dedicado a la poesía.

Sin duda alguna, el amor ha sido uno de los temas más tratados por los poetas-y poetisas-a lo largo de la Historia. Pero no todos lo enfocan de la misma manera.

A veces el amor es plenitud, una perfecta simbiosis, como en este fragmento de Gustavo Adolfo Bécquer:

“Dos ideas que al par brotan,
dos besos que al tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,
eso son nuestras dos almas.”

Pero a menudo el amor es dolor. Luis Cernuda lo expresa así en un poema que me parece sublime:

“Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
memoria de una piedra atrapada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos:
Donde habite el olvido.”

La ausencia del ser amado también es un tema recurrente. Gabriela Mistral expresa así su pérdida:

“El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.”

Aunque la ausencia sea tan breve como un sueño, hay amantes que sufren por ella, como Antonio Gala:

“Mientras yo te besaba
te dormiste en mis brazos.
No lo olvidaré nunca…
Te abandoné en la orilla de tu sueño
con mi carne aún caliente…
“Adiós”, te dije
y entré en mi propio sueño
en el que tú no habitas.”

¿Y qué pasa cuando el amor se acaba? Como escribió Pablo Neruda:

” Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. “

El cuerpo del ser amado también es destinatario de muchos poemas. Los besos, la piel, o, como en este caso, la mano.
Este poema de Vicente Alexaindre tiene una sonoridad especial que me emociona:

“…mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento
contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente por la que entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida
hasta tus venas hondas donde bogo
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.”

La palabra escrita siempre es poderosa, pero la poesía tiene una magia especial para transmitir los sentimientos más profundos, como el amor.

Espero que esta breve selección os haya gustado. Faltan muchos poemas y autores emblemáticos, pero es imposible mencionarlos a todos. Podéis dejarme en comentarios vuestros poemas y/o poetas favoritos, me encantará leerlos.

Por hoy me despido, nos leemos de nuevo la próxima semana. Un beso a todos.

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