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Tea rooms – Luisa Carnés

Tea rooms es más que una novela. En algunos momentos parece casi un reportaje periodístico sobre las condiciones de trabajo de la clase obrera en la España de 1930.

¿De qué trata?

La historia se centra en Matilde, una joven que vive sumida en la miseria. Se pasa el día buscando trabajo, pero solo consigue muchos rechazos y una proposición deshonesta. Cuando por fin logra emplearse en un salón de té, los lectores la acompañamos cada día durante su jornada laboral. Así somos testigos de la esclavitud a la que está sometida, sus relaciones con jefes y compañeras, y lo que ocurre durante la huelga convocada por un sindicato.

Luisa Carnés

El salón de té es como un escaparate de la sociedad española.

No falta la picaresca:

«Al cliente hay que sonreírle siempre y engañarle cuando haya ocasión». 

También la doble moral y la hipocresía están representadas.

La encargada, que repite varias veces al día que su establecimiento es de mucha categoría, y exige un comportamiento ejemplar de sus empleados, no se aplica sus propias normas. Eso da lugar a algunas escenas que me dolió leer, pero que enriquecen la novela. Y a una reflexión de Matilde que me gustó mucho:

«¿No puede usted prestarse a ciertas cosas, tan naturales, por lo demás? En ese caso, lárguese. Y si tiene hambre, coma moralidad, hijita».

Las descripciones de los clientes son muy interesantes.

Me gustan sobre todo por lo que se insinúa o se deduce de su comportamiento. También por los fragmentos de conversaciones que recoge la novela.

Un día se produce un alboroto en la calle, y dos hombres buscan refugio en el local. Allí entablan una discusión sobre política que me parece espectacular. Hablan de violencia policial, comunismo, y lucha de clases. Lo espeluznante es que ese diálogo podría haberse producido hoy mismo, en algunos ámbitos no hemos avanzado nada.

Las condiciones de trabajo son terribles.

La descripción del cuarto donde se cambian las empleadas da mucha tristeza. El agotamiento que sienten tras diez horas de trabajo se traslada perfectamente al lector. Y los abusos de los jefes son indignantes. Pero nadie se atreve a protestar, porque no se puede contar con la colaboración de las compañeras.

«Es muy duro prescindir espontáneamente del triste plato de patatas con la raspa de bacalao. Muy duro. Sobre todo cuando la tragedia se extiende a una porción de chiquillos hambrientos, que devoran el pan como la más exquisita golosina».

Me encantan las interacciones entre los personajes.

Paca es católica, conservadora y pasa todo su tiempo libre en un convento. Laurita considera que ser moderna es actuar con inconsciencia, sin preocuparse de nada y sin pensar en temas serios. Antonia lleva tantos años aguantando abusos y humillaciones que ya está resignada, y ni se le ocurre protestar. Matilde, la protagonista, cree en la educación y la lucha obrera… Entre todas componen una perfecta representación de todas las mentalidades que convivían en la España de los años 30.

En Tea Rooms se habla de temas fundamentales.

Uno de ellos es la discriminación por clase social.

Matilde tiene muy clara su definición de la sociedad: hay quienes suben en ascensor, y quienes utilizan la escalera de servicio. Las páginas en las que se expone todo el proceso que lleva desde una infancia miserable hasta su lucidez actual son magistrales.

La pobreza crónica es otro elemento muy presente en la novela.

«… recordándole a una que su hambre no data de unas horas ni de varios años, que es un hambre de toda la vida, sentida a través de varias generaciones de antecesores miserables. (Y en casa un plato de patatas con una raspa de bacalao)».

En este libro hay una crítica muy clara a la religión.

Esta se aborda desde distintos aspectos, y en referencia a diferentes situaciones. Por ejemplo, hay madres desesperadas que solicitan ayuda a las iglesias. A veces la consiguen, pero nunca es gratis. A cambio tienen que soportar humillaciones, como que las «señoras» que les «ayudan» inspeccionen sus casas y les retiren las migajas que les dan si encuentran un libro que no les gusta, o alguna prueba de que no son religiosos. También se les obliga a bautizar a sus hijos, quieran o no.

Otro ejemplo es la tragedia de Marta, una adolescente a la que no le ha quedado más remedio que prostituirse para sobrevir:

«También el caso de Marta atañe a la responsabilidad social, a la religión, que hace mujeres tímidas, lloronas e indefensas para la vida; que atrofia cerebros, extirpando en el individuo toda idea renovadora».

Para mí, la escena más dura en este sentido es la de la muerte por aborto. Coincido con Matilde, cuando dice que lo que más le ha indignado es ver a la madre de la fallecida más horrorizada por la opinión de la gente que por la muerte de su hija. Esa madre que no para de repetir que ellos son una familia muy decente, haciendo notar que su casa está llena de estatuas de santos.

Tea Rooms insiste una y otra vez en la importancia de la educación.

La descripción de cómo los niños son sacados de la escuela para ponerlos a trabajar es brutal pero realista. Así era nuestra sociedad hasta hace muy poco tiempo. Llevamos siglos de atraso en lo que a educación y cultura se refiere. Eso hay que recordarlo, para poder entender nuestra historia. Y, sobre todo, para ponerle remedio. Por eso me encanta esta denuncia tan cruda.

La política es otro elemento importante.

En el salón trabaja un italiano, cuyo hijo lucha contra el fascismo de Mussolini. De vez en cuando recibe noticias suyas, que suelen ser bastante malas. Otras veces podemos leer sus recuerdos, como el de su visita a la cárcel, donde habían encerrado a su hijo por sus palabras en un mitin.

En España pasa lo mismo, la policía puede detenerte simplemente por decir algo que ellos consideren que va contra el Gobierno. Hay empresas que despiden automáticamente a sus trabajadores si se enteran de que son anarquistas, o están afiliados a algún sindicato. La represión está a la orden del día. Y sin embargo, un sindicato ha convocado una huelga, para provocar por las últimas detenciones.

Es fascinante leer el terror con el que los empleados del salón de té viven esa situación. ¿Se unirán a la huelga? Si no lo hacen, ¿cómo actuarán los piquetes? ¿Los sacarán a la fuerza del local? Matilde es la única que cree en la unidad de los trabajadores y la solidaridad.

Tea rooms es un libro claramente feminista.

Matilde tiene muy claro que ella no quiere un matrimonio tradicional, ese tan preconizado por curas y monjas. La descripción de cómo es en realidad la vida cotidiana en esas familias es excelente. Pinta de una forma muy vívida la pobreza, la falta de amor y el agotamiento de los dos cónyuges:

«El marido piensa que las cosas de la casa se hacen por sí mismas (¡milagrera meseta del fámulo Isidro!) y no le da importancia alguna al trabajo de su mujer, al embrutecedor trabajo doméstico».

La alternativa es trabajar como una esclava por un sueldo de miseria. Pero eso conlleva el riesgo de sufrir acoso sexual:

«Esto no es lo general en las oficinas, pero sí lo frecuente. En las oficinas y en las fábricas y en los talleres y en los comercios, y en todas partes donde haya mujeres subordinadas a hombres».

Ella sabe que hay mujeres que se independizan y viven de su propio esfuerzo, sin aguantar a nadie.

«Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes».

Pero no en España. Aquí solo puedes elegir entre ser esclava de tu marido, o ser esclava de tu jefe. Y eso con suerte. Porque si no tienes un certificado de buena conducta no vas a encontrar empleo. Hay mujeres a las que solo les queda un camino: buscarse un amante rico que las mantenga. Una forma más elegante que hacer la calle, pero que no deja de ser prostitución. Matilde reflexiona sobre esa opción:

«Eso solo puede estar menos mal (nunca bien) como un medio para un fin determinado; por ejemplo, estudiar aprovechando las facilidades económicas del amigo; hacerse una cultura emancipadora. Un día, el amigo se cansa y otra vez a rodar… A pudrirse las entrañas y el cerebro».

Tea Rooms es pura reivindicación.

Su ingrediente principal es la denuncia de las malas condiciones en las que sobrevivía, a duras penas, la clase obrera. Y por eso recoge, en sus páginas finales, un mitin improvisado en el que una mujer anima al pueblo a luchar por sus derechos. Este es uno de los motivos por los que me gusta tanto.

Este libro me ha impresionado profundamente.

A pesar de que trata temas duros, no cae en el sentimentalismo ni el melodrama. Todo está equilibrado, no hay excesos, y el tono general es bastante neutro, informativo, al estilo de una crónica periodística. Los personajes están muy bien construidos, son coherentes y creíbles. La trama es interesante, consigue generar expectación en el lector por lo que pueda ocurrir a continuación. En resumen, no encuentro nada que criticar en esta novela.

Para mí, esta lectura ha sido muy especial, porque me he encontrado todos los temas que me interesan reunidos en la misma historia. He disfrutado enormemente cada página, incluso he hecho comentarios en voz alta mientras leía, y no sé cuántas veces exclamé ¡este libro es increíble!

Y realmente lo creo. Es una obra valiente, rotunda, pensada para despertar conciencias y mover a la acción. Es una obra necesaria, que nunca debería haber sido borrada. Y le doy las gracias a la editorial Hoja de Lata por haberla rescatado.

En serio, haceos un favor a vosotros mismos y leed a Luisa Carnés. Os prometo que no os arrepentiréis.

¿Conocíais a esta autora? ¿Habéis leído alguno de sus libros? ¿Me recomendáis otra obra suya? Espero vuestros comentarios.

Por hoy me despido con un abrazo para todos. ¡Leed mucho!

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2 comentarios

  1. ana ana

    Magnífica opinión, gracias

    • Flecha-literaria Flecha-literaria

      Muchas gracias por leerla, Ana. Espero que te animes a darle una oportunidad a la novela.

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