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Encrucijadas — Mamen Gargallo

Encru­ci­jadas es una nov­ela intimista, cen­tra­da en lo que pien­san y sien­ten los per­son­ajes. Rela­ta el día a día de un mat­ri­mo­nio con­de­na­do al fra­ca­so, en un entorno de cor­rup­ción políti­ca y de dudas sobre la propia iden­ti­dad sexual.

Los personajes de Encrucijadas están muy bien construidos.

Por un lado tenemos a Blanca, una mujer tradicional, abnegada y sumisa.

Bas­tan pocas fras­es para describirla:

“Meses y meses aguan­tan­do sus ausen­cias, sus respues­tas ariscas y su eter­na pre­ocu­pación por con­seguir lo que se había prop­uesto; demasi­adas sem­anas per­manecien­do siem­pre en un segun­do plano, disc­re­ta, paciente, en un frágil equi­lib­rio entre la res­i­gnación y el cariño…”

Blan­ca vive por y para Ernesto, su mari­do, en un mat­ri­mo­nio sin pasión. Ella cree ser feliz, a pesar de que las noches de los viernes tiene que sopor­tar sus abra­zos ínti­mos sin sen­tir ningún plac­er. Por supuesto, jamás se atreve a hablar de cómo se siente; le bas­ta con refu­gia­rse en sus fan­tasías de un amante imaginario.

Ernesto, a su manera, quiere a su esposa.

De vez en cuan­do pien­sa en ella con car­iño, pero nun­ca se lo demues­tra, no la hace sen­tirse ama­da. No tiene tiem­po para eso, está demasi­a­do absorto en una ago­ta­do­ra cam­paña políti­ca, moti­va­da por un deseo de ven­gan­za. Su padre fue un buen alcalde, se le recuer­da con car­iño y respeto. Ernesto, sin embar­go, lo odi­a­ba, y nece­si­ta sen­tir que lo ha super­a­do. Este odio le provo­ca unos ataques de ira ter­ri­bles en los momen­tos más inoportunos.

Así están las cosas cuan­do lle­ga al pueblo una joven exóti­ca, rebelde y muy valiente, de nom­bre Ari. Este per­son­aje, mi favorito de la nov­ela, con­seguirá poco a poco que Blan­ca se replantee su vida y sus valores.

Encrucijadas trata temas muy actuales.

Uno de ellos es el conflicto entre lo antiguo y lo moderno.

La auto­ra nos pre­sen­ta a algunos per­son­ajes con val­ores tradi­cionales y men­tal­i­dad antic­ua­da, que son inca­paces de adap­tarse a la sociedad de nue­stro tiem­po. Uno de los temas que más rec­ha­zo y con­flic­to les pro­duce es el amor entre per­sonas del mis­mo sexo.

Me gus­ta mucho la for­ma sutil y ele­gante, más insin­u­a­da que explíci­ta, en la que se nos pre­sen­ta el tema de la homo­sex­u­al­i­dad en los jóvenes del bar de toda la vida. El con­traste de esta sutileza y ele­gan­cia con la grosería bur­da de Ernesto es muy efectivo.

Es una pena que esa del­i­cadeza no se man­ten­ga durante toda la nov­ela. Hay momen­tos en que la auto­ra cam­bia de reg­istro y emplea un lengua­je soez, a veces casi vul­gar, que no siem­pre está jus­ti­fi­ca­do por el contexto.

La política es otro tema central en Encrucijadas.

Esta nov­ela describe de for­ma muy clara la enorme difer­en­cia entre la for­ma tradi­cional de realizar una cam­paña elec­toral (cen­tra­da en las ideas y los con­tenidos), y la for­ma mod­er­na (basa­da en la ima­gen y las redes sociales).

Ernesto recibe ofer­tas muy peli­grosas; se ve envuel­to en una red de lujo y ambi­ciones desme­di­das que no sabe­mos si podrá con­tro­lar; y, además, tiene que tomar una decisión trascen­den­tal que cam­biará rad­i­cal­mente su vida.

Aunque este per­son­aje me parece odioso, hay un momen­to en el que lle­ga a darme pena.

En esta novela también hay mucha intriga.

El con­flic­to de Ernesto con su pasa­do se va mostran­do poco a poco, en pequeños detalles. La auto­ra admin­is­tra muy bien la infor­ma­ción al respec­to, y la curiosi­dad del lec­tor aumen­ta con cada pági­na. Yo esta­ba dese­an­do averiguar qué pasó entre el pro­tag­o­nista y su padre, el por qué de tan­to odio.

Mamen Gargallo sabe crear atmósferas que atrapan.

Un buen ejem­p­lo es la esce­na en la que Ari nar­ra la leyen­da de cómo se orig­inó el vino. Su rela­to (en el que com­para al vino con un amante), alter­na con las reflex­iones de Blan­ca acer­ca del efec­to que pro­duce en el públi­co (tan­to en hom­bres como en mujeres), y las dudas sobre su propia ima­gen. Eso provo­ca un ambi­ente muy espe­cial y reple­to de sensaciones.

Otro elemento a destacar son los poemas intercalados en la historia.

No todos me gus­tan, pero me pare­cen una téc­ni­ca muy efi­caz. Sobre todo porque ayu­dan al lec­tor a conec­tar con el esta­do de áni­mo de Blan­ca en el momen­to en que los lee. Tam­bién son una for­ma orig­i­nal de demostrar la evolu­ción y el cam­bio tan pro­fun­do que está exper­i­men­tan­do el personaje.

Lo que más me gusta de Encrucijadas son las interacciones entre los personajes:

“Blan­ca los mira­ba cau­ti­va­da. Su padre cogía la mano de su madre y la besa­ba casi con devo­ción y ella, apoy­a­da en su hom­bro, lo mira­ba de reo­jo con ojos son­ri­entes pero tristes a la vez. Cuán­to amor y respeto veía en ellos. ¿Cuán­to tiem­po llev­a­ban jun­tos? Más de cuarenta años.Y los veía tan enam­ora­dos como siem­pre. Ernesto, a su vez, sin decir nada, la cogía por el hom­bro, pero Blan­ca sen­tía que no se trata­ba de lo mis­mo. Ella tam­bién quería un mat­ri­mo­nio así. No quería nada más. Solo eso”.

La dis­tan­cia entre Blan­ca y Ernesto se amplía cada día, y lle­ga un momen­to en que parece insalv­able. Blan­ca sigue que­rien­do sal­var su mat­ri­mo­nio, y hace un esfuer­zo por mejo­rar la situación. Esa esce­na me parece mar­avil­losa­mente escri­ta: qué bien plas­madas están las ilu­siones de ella y el rec­ha­zo bru­tal de él, para pasar direc­ta­mente a la cama sin piz­ca de sensibilidad.

Por su parte, Blan­ca des­cubre un secre­to sobre su madre que ter­mi­na de destru­ir  su antigua visión del mun­do. Pero sigue sin ten­er el val­or para recla­mar su libertad:

“¿Dejar a su mari­do? Hac­er­lo implic­a­ba aban­donar la jaula de oro… Todo le había venido dado des­de que se casó con Ernesto. ¿Esta­ba dis­pues­ta a aban­donar todo lo que suponía su vida con él? No, no lo tenía claro. La con­viven­cia con él, machista, pro­tec­tor, déspota, pater­nal­ista, la había con­ver­tido en una mujer cómo­da, aco­mo­dati­cia, con­formista, y, lo que era peor, en una mujer acom­ple­ja­da y cobarde”.

Por supuesto, este texto también tiene aspectos que no me han gustado.

Por ejem­p­lo, cuan­do al fin se desvela toda la ver­dad sobre el padre de Ernesto, me pare­ció menos dramáti­ca de lo que prometía. Creo que la auto­ra crea demasi­adas expec­ta­ti­vas y luego no sabe estar a la altura en ese aspecto.

El final de la nov­ela no me gustó. Deja cosas sin explicar, y hay aspec­tos que no me pare­cen coher­entes. Eso sí, reconoz­co que es sorprendente.

A pesar de estas críticas, Encrucijadas me parece una novela recomendable.

En parte por su gran con­tenido de denun­cia social: habla de hipocre­sía, pre­sión social, espec­u­lación inmo­bil­iaria, intol­er­an­cia, machis­mo… Toda la his­to­ria des­ti­la una visión críti­ca y creo que muy nece­saria de nues­tra sociedad actual.

Además, es una nov­ela llena de sen­timien­tos. Ha con­segui­do emo­cion­arme, indig­n­arme, hac­erme reír, y des­de luego, me ha hecho dis­fru­tar mucho con su lectura.

¿Qué opináis vosotros?¿ Os parece intere­sante esta prop­ues­ta? ¿La habéis leí­do? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do con un beso para todos. ¡Dis­fru­tad de la lectura!

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