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Cranford — Elizabeth Gaskell

Cran­ford es uno de esos clási­cos que sor­pren­den. Por su humor y, sobre todo, por la var­iedad de temas que trata.

Esta historia transcurre en una ciudad habitada principalmente por mujeres.

No es que se pro­hí­ba el acce­so a los hom­bres. Es más, algunos señores, como el pár­ro­co o el doc­tor, se men­cio­nan a menudo.

Lo que pasa es que los caballeros se ded­i­can a otras ocu­pa­ciones, que los mantienen toda la sem­ana en la ciu­dad veci­na, o en su regimien­to, o en su buque. Además, como se dice tex­tual­mente en el libro:

“Las damas de Cran­ford se bas­tan por com­ple­to. ¡Y un hom­bre estor­ba tan­to en una casa!”

Así que ten­emos una nov­ela cen­tra­da en el uni­ver­so femeni­no que, sin embar­go, no es una his­to­ria fem­i­nista. Sé que este pun­to es dis­cutible; de hecho, he leí­do y vis­to reseñas en las que se habla de protofem­i­nis­mo. Pero yo no com­par­to esa opinión, y más ade­lante expli­caré por qué.

¿De qué trata Cranford?

Este libro no tiene una tra­ma lin­eal. Lo impor­tante no es la his­to­ria, sino los per­son­ajes y las rela­ciones entre ellos.

En la estruc­tura de la nov­ela se nota que orig­i­nal­mente se pub­licó por entre­gas sem­anales. Por eso casi todos los capí­tu­los son auto­con­clu­sivos, y cada uno nar­ra un acon­tec­imien­to dis­tin­to. A veces ocurre algo en la ciu­dad; otras veces, alguno de los per­son­ajes pro­tag­on­i­za un suce­so que rompe su rutina.

La auto­ra quiere resaltar el fuerte sen­ti­do de la comu­nidad que tienen las damas de Cran­ford. Hay mucha sol­i­dari­dad, autén­ti­co car­iño y pre­ocu­pación por el bien­es­tar de las demás; aunque, muchas veces, estos buenos sen­timien­tos se camu­flan bajo críti­cas y obser­va­ciones sarcásticas.

Visto así, puede parecer un libro muy aburrido.

Al fin y al cabo, ¿qué aven­turas pueden vivir un grupo de mujeres may­ores en una tran­quila ciu­dad ingle­sa? Pues eso es lo sorprendente.

Eliz­a­beth Gaskell tenía un gran tal­en­to para trans­for­mar lo cotid­i­ano en rel­e­vante, un pequeño suce­so en una gran aven­tu­ra. Lo impor­tante no es lo que cuen­ta, sino cómo lo cuen­ta. Y el ingre­di­ente mági­co es el sen­ti­do del humor.

Por ejem­p­lo, cuan­do un mago visi­ta el pueblo y actúa ante las dis­tin­guidas damas, se pro­ducen esce­nas real­mente hila­rantes. Tam­bién en otros episo­dios, como una sim­ple reunión para tomar el té, es diver­tido leer cómo inter­ac­túan las seño­ras, porque su con­cien­cia de clase provo­ca situa­ciones ridículas.

En Cranford se experimentan todo tipo de emociones.

Hay momen­tos tier­nos, como reen­cuen­tros ines­per­a­dos, o la relec­tura de unas car­tas que provo­ca diál­o­gos real­mente emo­tivos. Hay lugar para la ten­sión, cuan­do una olea­da de robos inex­plic­a­bles azo­ta el pueblo y todas las veci­nas tiem­blan de miedo. Pero tam­bién hay con­ver­sa­ciones pro­fun­das sobre la edu­cación, la lit­er­atu­ra, la his­to­ria, el mat­ri­mo­nio y la maternidad.

La mayoría de las vecinas de Cranford son solteras o viudas, y están muy orgullosas de no depender de ningún hombre.

De hecho, no los nece­si­tan para nada. Por eso es por lo que algunos lec­tores hablan de protofeminismo.

Sin embar­go, ningu­na de estas damas se plantea la posi­bil­i­dad de salirse de las nor­mas. Todas tienen un respeto rev­er­en­cial a lo que debe hac­er una mujer respetable, son guardianas de la moral y de la tradición.

Tam­poco hay ningu­na ver­dadera reivin­di­cación fem­i­nista en esta nov­ela, al con­trario, por ejem­p­lo, que en las de las her­manas Bron­të. Si leéis Jane Eyre o La inquili­na de Wild­fell Hall, veréis que sus autoras dejan muy claro que no están de acuer­do con el papel de la mujer en la sociedad.

No quiero que parezca que critico la novela, porque la verdad es que he disfrutado mucho con su lectura.

Me gus­ta espe­cial­mente la figu­ra de la narradora.

Se tra­ta de una chi­ca mucho más joven que las seño­ras de Cran­ford y que no vive allí, aunque visi­ta la ciu­dad a menudo. Sabe­mos muy poco de ella. De hecho, has­ta casi la mitad de la his­to­ria no des­cub­ri­mos su nom­bre, y cuan­do aca­ba seguimos cono­cien­do muy pocos detalles sobre su vida. Sin embar­go, la difer­en­cia de edad y el poder ver la ciu­dad des­de fuera le dan una obje­tivi­dad y un pun­to de vista úni­co, que no podría ten­er ninguno de los otros personajes.

Ese es sola­mente uno de los motivos por los que os recomien­do esta lec­tura. Hay muchos más, como lo bien que refle­ja la vida cotid­i­ana de la época, o sus intere­santes reflex­iones sobre el val­or del dinero.

En con­clusión, Cran­ford es una obra intere­sante y emo­ti­va, de la que todavía hoy podemos dis­fru­tar ple­na­mente, a pesar de cómo ha cam­bi­a­do todo des­de que se publicó.

¿La habéis leí­do? ¿Os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do con un abra­zo para todos. ¡Leed mucho!

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2 comentarios

  1. Patricia Sánchez Hernández Patricia Sánchez Hernández

    Me ha pare­ci­do una prop­ues­ta muy intere­sante, una lec­tura agrad­able y con pun­tos de humor es de agradecer.

    • Flecha-literaria Flecha-literaria

      Muchas gra­cias por comen­tar, creo que esta lec­tura te podría gus­tar, es ame­na y se lee rápidamente.

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