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El fantasma de la ópera- Gaston Leroux

El fan­tas­ma de la ópera ha resul­ta­do ser una nov­ela muy dis­tin­ta a lo que me esper­a­ba. En ella Gas­ton Ler­oux mez­cla el romance con el ter­ror, momen­tos cómi­cos con ele­men­tos góti­cos, y además jue­ga a descon­cer­tar al lector.

¿De qué trata?

En el edi­fi­cio de la Ópera de París ocur­ren extraños acon­tec­imien­tos que nadie con­sigue explicar. Var­ios emplea­d­os del teatro afir­man haber vis­to a un ser mis­te­rioso, y sus direc­tores reciben car­tas con exi­gen­cias y condi­ciones fir­madas por El fan­tas­ma de la ópera. Cuan­do se nie­gan a cumplir­las suce­den acci­dentes mor­tales. Todo se com­pli­ca cuan­do el fan­tas­ma se enam­o­ra de una de las can­tantes, y su prometi­do lucha con­tra él para recuperarla.

Ópera de París

La his­to­ria está con­ta­da como una inves­ti­gación periodística.

El nar­rador rela­ta los suce­sos con toda su car­ga dramáti­ca, tal y como los vivieron sus pro­tag­o­nistas. Después nos pre­sen­ta el resul­ta­do de sus pesquisas, que aclaran todas las dudas y expo­nen todos los tru­cos uti­liza­dos por el fan­tas­ma. Me gus­ta esta estruc­tura, porque con­sigue crear mucha ten­sión e intri­ga en el lec­tor, pero tam­bién cier­ra todas las tra­mas de for­ma coher­ente. Al final, todo que­da expli­ca­do, y eso para mí es importante.

El tono del nar­rador es bas­tante neu­tro, aunque a veces tiene sus momen­tos iróni­cos, casi humorís­ti­cos. Sin embar­go, la obra en gen­er­al resul­ta muy inten­sa, porque pre­dom­i­nan las pasiones exal­tadas del trián­gu­lo amoroso. A mí me resultó exce­si­va­mente emo­ti­va en algunos momentos.

El mundo del teatro está muy bien retratado.

Me com­place que el autor hable de los tra­ba­jadores invis­i­bles, como los cer­radores de puer­tas o el exter­mi­nador de ratas. Tam­bién se nota que se doc­u­men­tó para describir per­fec­ta­mente la zona de los tramoy­is­tas, la ilu­mi­nación, los cameri­nos… todo está refle­ja­do. Inclu­so la esclav­i­tud lab­o­ral y las condi­ciones inse­guras en las que tra­ba­ja­ba el per­son­al, que podía ser des­pe­di­do arbi­trari­a­mente en cualquier momento. 

Otro detalle intere­sante es que a lo largo de la nar­ración apare­cen fre­cuentes men­ciones a obras y com­pos­i­tores, muchos de ellos poco conocidos.

Carl Maria von Weber, com­pos­i­tor alemán

La nov­ela tam­bién tra­ta la ópera como lugar de reunión social, y como excusa para describir la guía de com­por­tamien­to del per­fec­to ciu­dadano de París:

“Nun­ca será parisiense quien no haya apren­di­do a pon­er una más­cara de ale­gría sobre sus dolores y el “antifaz” de la tris­teza, del hastío y de la indifer­en­cia sobre su ínti­ma alegría”. 

Las descripciones son un punto fuerte de El fantasma de la Ópera.

En gen­er­al, la ambi­entación de toda la obra es bas­tante bue­na. Me parece espe­cial­mente intere­sante la descrip­ción de los lugares ocul­tos, las trampil­las y entradas sec­re­tas, y todo lo que hay en los sótanos, como el lago subterráneo.

Algu­nas descrip­ciones son poéti­cas; otras son muy cin­e­matográ­fi­cas, puedes ver la esce­na mien­tras la lees. Por ejem­p­lo, hay un momen­to en el que los pro­tag­o­nistas se encuen­tran en un cemente­rio, con una ambi­entación góti­ca muy bien logra­da, que da escalofríos al leerla.

Los personajes, sin embargo, son muy irregulares.

El fan­tas­ma de la ópera, sin duda, es el per­son­aje mejor con­stru­i­do de la obra. El autor nos da toda la infor­ma­ción nece­saria para enten­der quién es y por qué actúa así. Ler­oux es muy hábil, porque con­sigue que sin­ta­mos pena por él, a pesar de sus crímenes.

Chris­tine, la pro­tag­o­nista femeni­na, me parece inso­portable por su fal­ta de coheren­cia. En algu­nas esce­nas es la per­fec­ta vir­gen, pura e inocente, a la que un héroe tiene que sal­var. En otras, de repente y sin venir a cuen­to, se trans­for­ma en una mujer que insiste en que tiene dere­cho a tomar sus propias deci­siones sin que nadie la inter­rogue. Sus diál­o­gos son descon­cer­tantes, porque cam­bia fre­cuente­mente de humor sin dar expli­ca­ciones; además, están llenos de clichés y su tra­ma no puede ser más tópica.

Raoul, su enam­ora­do, sí que resul­ta más creíble, den­tro de los cánones de la época. Sin embar­go, es demasi­a­do plano para mi gus­to, le fal­ta profundidad.

Por otra parte, hay dos per­son­ajes secun­dar­ios que me pare­cen interesantes.

Madame Giry, la aco­modado­ra, tiene mucho carác­ter. Además de ser el nexo nece­sario entre el fan­tas­ma y el mun­do real, sus esce­nas son muy sat­is­fac­to­rias por su for­ma de rela­cionarse con los ricos y poderosos.

El Per­sa es el úni­co que conoce el pasa­do y los secre­tos del fan­tas­ma. Tam­bién es un per­son­aje mis­te­rioso, aunque de otra for­ma, y me resul­ta sim­páti­co por su dis­cre­ción y humildad.

El fantasma de la ópera contiene escenas maravillosas.

El autor sabe jugar con las per­cep­ciones y expec­ta­ti­vas, tan­to del lec­tor como de sus personajes.

Los recuer­dos de infan­cia de Chris­tine y Raoul, cuan­do iban de casa en casa pidi­en­do cuen­tos y leyen­das, son pre­ciosos. Tienen el pun­to jus­to de emo­tivi­dad y de ter­nu­ra, sin caer en los exce­sos en los que incur­ren en otros momen­tos de su relación.

Las esce­nas de miedo y ten­sión están muy bien escritas. Todo lo rela­ciona­do con la cámara de tor­turas es impre­sio­n­ante, y más por la men­ción a la pequeña sul­tana, que le da un tono aún más siniestro.

Hay giros sor­pren­dentes, como la elec­ción entre el escor­pión y el salta­montes, que me gustó mucho por lo que tiene de manip­u­lación psicológica.

Por otra parte, creo que Ler­oux supo dosi­ficar muy bien los momen­tos de aliv­io cómi­co. La esce­na del gal­lo, por ejem­p­lo, es diver­ti­da y está muy bien integra­da en la narración.

Sin embargo, la novela en su conjunto me resultó decepcionante.

La intro­duc­ción es demasi­a­do larga, e incluye situa­ciones y per­son­ajes total­mente prescindibles.

Por otra parte, la ten­sión y el rit­mo nar­ra­tivos están mal ges­tion­a­dos. Toda la acción se con­cen­tra en los últi­mos capí­tu­los, así que la lec­tura en algunos momen­tos me abur­rió. Si se hubiera con­ta­do la mis­ma his­to­ria en for­ma de rela­to, me habría pare­ci­do exce­lente. Pero en la nov­ela sobran muchas pági­nas, espe­cial­mente las ded­i­cadas al trián­gu­lo amoroso.

En defin­i­ti­va, El fan­tas­ma de la Ópera es el ejem­p­lo per­fec­to de una bue­na idea mal ejecutada.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leí­do este libro? ¿Os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do con un abra­zo para todos. ¡Leed mucho!

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