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Después — Edith Warton

Después, escrito por Edith Warton, es un rela­to cor­to que aúna las his­to­rias de fan­tas­mas, una atmós­fera góti­ca y una mis­te­riosa desaparición.

¿De qué trata?

En este cuen­to, un mat­ri­mo­nio esta­dounidense se muda a una man­sión ingle­sa, de la que se comen­ta que está encan­ta­da. El fan­tas­ma que la habi­ta es muy orig­i­nal, porque no te das cuen­ta de que lo has vis­to has­ta mucho después de encontrártelo.

Durante un tiem­po todo va bien, pero una noche la esposa recibe una noti­cia sor­pren­dente, rela­ciona­da con los nego­cios de su mari­do. Al día sigu­iente él desa­parece, y nadie, ni siquiera la policía, puede encon­trar­lo. Solo meses más tarde sabre­mos lo que ha suce­di­do, cuan­do la pro­tag­o­nista con­si­ga atar todos los cabos suel­tos. Pero entonces ya será demasi­a­do tarde.

El argumento no es perfecto.

En parte, porque se basa en la his­to­ria típi­ca de la época: la antigua man­sión aban­don­a­da y su fan­tas­ma (aunque hay que recono­cer que en Después la auto­ra ha sabido dar­le un giro inno­vador). Pero, sobre todo, porque hay un fal­lo en la línea tem­po­ral, que al final es muy evidente.

Aún así, he dis­fru­ta­do con esta lec­tura, porque tiene algunos ele­men­tos real­mente muy bien escritos.

La ambientación es excelente.

Lo que más desta­co es la for­ma en la que la pro­tag­o­nista se rela­ciona con el edi­fi­cio. Ella sabe que la casa guar­da muchos secre­tos, pero está segu­ra de que son benévo­los, y siente una cál­i­da intim­i­dad con su nue­vo hog­ar. Esa sen­sación va cam­bian­do a medi­da que avan­za la his­to­ria. Porque la casa es el últi­mo tes­ti­go, ella sabe qué le pasó a su mari­do, pero no lo revelará:

“Mary Boyne, sen­ta­da frente a frente con el silen­cio, sen­tía la inutil­i­dad de tratar de romper­lo por medio humano alguno”.

Me ha pare­ci­do intere­sante que la auto­ra util­ice el recur­so de tratar a la casa como a un per­son­aje, human­izán­dola en algunos momentos.

También me gusta cómo se refleja el papel de la mujer:

Mary es la típi­ca esposa que se encar­ga de que en su hog­ar todo fun­cione per­fec­ta­mente. Da órdenes al ser­vi­cio, atiende a los téc­ni­cos de repara­ciones, va de com­pras, y parece no nece­si­tar nada más. Ella es feliz así.

Has­ta que recibe una mis­te­riosa car­ta que la hace reflexionar:

“Por primera vez le sobre­saltó des­cubrir lo poco que sabía acer­ca de los cimien­tos mate­ri­ales sobre los que se erigía su felicidad”.

Ese pen­samien­to no la lle­va a pre­ocu­parse por su propia seguri­dad económi­ca, ni a darse cuen­ta de que depende total­mente de otra per­sona. Al revés, la llena de cul­pa y remordimien­to por no haber mostra­do sufi­ciente interés por apo­yar a su mari­do en su tra­ba­jo. Es triste, pero así eran las cosas.

Lo mejor del relato es cómo transmite las emociones de la protagonista:

Hay un momen­to que me parece excep­cional. Tras la desapari­ción de su esposo, Mary pasa por difer­entes fas­es. Una de ellas se describe así:

“Aún había momen­tos de can­san­cio en los que, como víc­ti­ma de un veneno que deja lúci­do el cere­bro, pero inmov­i­liza el cuer­po, se sen­tía ya acos­tum­bra­da al hor­ror, y acept­a­ba su con­stante pres­en­cia como una de las condi­ciones esta­bles de la vida”.

Después me parece un relato muy recomendable.

Si queréis leer algo espe­cial para Hal­loween pero sin pasar miedo, en estas 32 pági­nas encon­traréis una his­to­ria intere­sante, con algu­na sor­pre­sa y que además es un clási­co fácil de leer. Yo lo encon­tré en la Antología de relatos góti­cos pub­li­ca­da por la edi­to­r­i­al Alma, jun­to con otros cuen­tos que os podrían gustar.

Yo no sue­lo leer ter­ror, porque real­mente lo paso muy mal. Pero de vez en cuan­do me gus­ta leer algo inqui­etante, como algún rela­to de vam­piros. ¿Qué otros relatos o qué nov­e­las me recomendáis para Halloween?

¿Qué opináis vosotros? ¿Conocíais el rela­to Después? ¿Os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do con un abra­zo para todos. Nos leemos en la próx­i­ma entra­da, y has­ta entonces no olvidéis seguir dis­fru­tan­do de la lectura.

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