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Londres — Virginia Woolf

En Lon­dres Vir­ginia Woolf  deja volar su pen­samien­to y su imag­i­nación, y nos lle­va de la mano a recor­rer su ciu­dad, no la turís­ti­ca, sino la del día a día.

Este libro reúne siete textos breves.

La auto­ra pasea por Lon­dres y nos cuen­ta lo que ve, lo que siente, y sus reflex­iones. Resul­ta sor­pren­dente su capaci­dad para encon­trar belleza en sitios sór­di­dos, pero tam­bién su for­ma de com­bi­nar lo real y lo supuesto. Este paseo por su ciu­dad le provo­ca difer­entes emo­ciones: a veces nos sumerge en la mod­ernidad y el bul­li­cio, otras veces en la nos­tal­gia del pasa­do, y siem­pre trans­mite imá­genes de una for­ma muy vívida.

No voy a comen­tar todos los tex­tos, pero sí quiero hablar un poco de los que más me han gustado.

Los muelles de Londres es uno de mis favoritos.

Me parece real­mente fasci­nante porque está lleno de con­trastes. Seguimos el recor­ri­do de los bar­cos que suben por el Táme­sis, pasan­do por pra­dos per­di­dos entre fábri­c­as y sór­di­das casas de obreros rodeadas de grúas, has­ta lle­gar a la Torre de Lon­dres. El bar­co atra­ca, se descar­ga la mer­cancía, empieza un tra­ba­jo muy duro porque el com­er­cio es inge­nioso e infati­ga­ble. Todo se aprovecha. Y Vir­ginia reflexiona:

“La util­i­dad de todas las cosas para un fin deter­mi­na­do, la pre­visión y la destreza que se han ver­tido en cada uno de estos pro­ce­sos, viene a incor­po­rar ese fac­tor de belleza en el que nadie, en los muelles, ha pen­sa­do siquiera un segun­do. Las grúas descien­den y se bal­ancean, y hay rit­mos en su reg­u­lar­i­dad. Las pare­des del almacén se abren de par en par para recibir sacos y bar­riles. Pero a través de ellas se ven todos los teja­dos de Lon­dres, sus mástiles y sus campanarios… »

Este tex­to es impre­sio­n­ante. Trans­mite el rit­mo de la activi­dad de los obreros, pero tam­bién la solem­nidad de las crip­tas donde se guar­da el vino. Reflex­iona sobre la capaci­dad de los mer­ca­dos para adap­tarse a los con­sum­i­dores, pero tam­bién nos evo­ca el exo­tismo de La India o Aus­tralia, des­de donde se traen las mer­cancías que deman­dan los clientes.

Londres es un libro que recomiendo sin ninguna duda.

Con­tiene pequeñas joyas, como la fan­tás­ti­ca descrip­ción de atmós­feras de Abadías y cat­e­drales; o las imá­genes del Lon­dres más mod­er­no y bul­li­cioso que encon­tramos en El olea­je de Oxford Street. Tam­bién incluye reflex­iones intere­santes sobre la his­to­ria, la cul­tura y la vida cotid­i­ana en la ciudad.

Vir­ginia Woolf tenía una for­ma pecu­liar de trans­for­mar lo más sen­cil­lo en algo espe­cial. Por si os apetece leer algo más de esta auto­ra, os dejo el enlace a un pod­cast en el que comen­to otra de sus obras.

Esta recopilación contiene también algunos textos que no me han gustado.

El primero, tit­u­la­do Retra­to de una londi­nense, me pare­ció demasi­a­do pre­vis­i­ble y un poco abur­ri­do. En Esta es la cámara de los comunes se expre­san algu­nas opin­iones que me hicieron sen­tir incó­mo­da, aunque su cal­i­dad lit­er­aria es innegable.

Sin embar­go, la obra en su con­jun­to me ha gus­ta­do mucho. En parte por la var­iedad de temas que tra­ta, pero tam­bién porque la voz de la auto­ra tiene un esti­lo pro­pio que no he encon­tra­do en ningún otro escritor o escritora.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leí­do este libro? ¿Os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do con un car­iñoso salu­do a todos. Has­ta la próx­i­ma reseña, seguid dis­fru­tan­do de la lectura.

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