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Exilios — Sergio Chesán

Exil­ios es el poe­mario ganador del Pre­mio La Nun­ca IX, pub­li­ca­do por Edi­ciones Oblicuas. Me ha pare­ci­do sor­pren­dente, no solo por la var­iedad de temas que tra­ta, sino tam­bién porque el poeta mues­tra difer­entes reg­istros y for­mas de expresarse.

Exilios nos hace pensar en evasión, en huida. Eso es lo único que tienen en común estos poemas.

El tema de la identidad está muy presente en este libro:

“Boste­zo ambiva­lente a través del espe­jo; sin­fonía de siglo fatal, de raza umbría, que musi­cal­iza la agonía de no ser yo mis­mo, sino ese otro que for­ma parte de un todo que via­ja hacia el olvido”.

El poeta refleja nuestra sociedad, el mundo en el que vivimos.

A veces lo con­sigue medi­ante metá­foras poderosas:

“Somos semi­l­las de las flo­res del sili­cio, que se yer­guen ufanas jun­to a bosques de hormigón. Árboles-bar­rote abona­dos con los cadáveres de nue­stros sueños”.

(Me encan­ta esa frase, “los cadáveres de nue­stros sueños”, porque me parece un refle­jo per­fec­to de la sociedad actual. )

exilios

Otras veces, como en el poe­ma tit­u­la­do 4000, envía un men­saje direc­to y claro, un gri­to que va direc­to a la conciencia:

“¿Es que nadie lo ve?

4000 per­sonas se quitaron la vida el pasa­do año y, mien­tras escri­bo este poe­ma, solo es una noti­cia obso­le­ta en los archivos de un diario. 

¿Pero a qué época tan ter­ri­ble hemos sido arrojados?”

Exilios habla también de la infancia.

En esta sociedad, ni siquiera los niños tienen dere­cho a con­ser­var su curiosi­dad, a sat­is­fac­er su necesi­dad de amor:

“Cómo dolían las pal­abras en tu cabeza, niño; cómo ardían las sílabas escu­p­i­das por tus padres, por tus com­pañeros, por el adoctrinador…”

pizarra

“Enquis­ta­dos por la vileza de un ser-mira­da rebosante de veneno-que no tuvo don ni vocación, que vom­ita­ba der­ro­tas en una pizarra y escupía desidia a los ojos pro­fana­dos de sus pupi­los, fuimos aban­don­a­dos, olvi­da­dos, con­de­na­dos a escuchar el gri­to de las aulas, que des­gar­ra el mun­do y que nos dejó la cica­triz de la men­ti­ra: heri­da que volve­mos a inven­tar cada día”.

Exilios muestra cómo este mundo nos condena a la soledad.

Ese sen­timien­to está refle­ja­do de una for­ma exquisi­ta en El demi­ur­go insomne, uno de mis poe­mas favoritos de este libro.

No es extraño, pues, lle­gar a la con­clusión de que no hay esperanza:

“Y es que hay orde­nadores, hay móviles, hay televisor. 

Pero no hay guerreros. 

Ni poet­as. 

Ni sal­vación”.

Deseamos huir, pero eso es imposible.

¿Por qué? En el poe­ma Volar el pro­pio autor lo expli­ca, con el corazón abier­to y la emo­ción en la piel.

volar

Sergio Chesán demuestra en Exilios que domina todos los registros.

A veces es suma­mente críptico:

“Somos el cuásar, ami­go: creadores-tra­duc­tores del códi­go más allá del Agujero…”

Otras veces no duda en emplear la escat­ología, en pro­ducir asco o rechazo:

“Intro­du­je mi hoci­co en todas y cada una de las letri­nas de La Gran Colmena”.

En algunos de sus poe­mas desta­ca la líri­ca, la musi­cal­i­dad, las ref­er­en­cias mitológ­i­cas o cul­tur­ales (como la men­ción a Íta­ca , Teseo,  Ver­laine o a Fed­eri­co Gar­cía Lor­ca). En otros, la modernidad:

“Aho­ra sé que soy una secuen­cia bina­ria atra­pa­da en un his­to­r­i­al de con­ver­sación, que soy un con­jun­to de recuer­dos pix­e­la­dos en la car­pe­ta de archivos a olvidar…”

Pero en Exilios no todo es tristeza y desesperanza.

Tam­bién hay dónde aferrarse:

“Y, a pesar de todo, hay luz aquí aba­jo, porque me ale­gra no ser como tú: un autó­ma­ta de carne que descar­ga sus sen­timien­tos de una gran base de datos”.

Y cuan­do todo fal­la, siem­pre nos puede sal­var la Literatura:

“…bus­ca­ba, tem­bloroso y aver­gon­za­do, como el escép­ti­co que cae de rodil­las implo­ran­do a Dios ante su primera gran des­gra­cia, la solidez de aque­l­las teclas que siem­pre con­seguían man­ten­erme a flote…”

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Sergio Chesán es, sin duda, un auténtico artista, un mago de las palabras.

Su obra me ha impre­sion­a­do pro­fun­da­mente porque es autén­ti­ca, orig­i­nal, libre y huye de lo con­ven­cional o lo políti­ca­mente correcto.

Quiero ter­mi­nar con un frag­men­to de su poe­ma Naufra­gio entre teclas:

“Y así aven­té mis mis­e­rias a un mun­do ahí­to de dra­mas que tran­scur­ren en un océano car­ente de islas. 

Lancé mi mier­da al mar. Como todos. 

Solo espero que a alguien sir­va de balsa. ”

Espero que os ani­méis a des­cubrir estos Exil­ios, y a comen­tarme vues­tra opinión sobre ellos.

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