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Las madres no — Katixa Aguirre

Las madres no, más que una nov­ela, es una expe­ri­en­cia. El tex­to es bru­tal, conec­ta con tus vísceras, se te mete den­tro y te inter­pela direc­ta­mente. No es posi­ble leer­lo des­de fuera, como un espec­ta­dor neu­tral. Lo quieras o no, esa gar­ra que ves en la cubier­ta se afer­rará a tu corazón en la primera pági­na y no dejará de retorcer­lo has­ta que cier­res el libro.

¿De qué trata?

Una madre asesina a sus bebés. Otra mujer, una escrito­ra que aca­ba de ten­er un hijo, decide inves­ti­gar los hechos y escribir un libro sobre ese crimen. El tema le obse­siona, y su propia expe­ri­en­cia como madre la impul­sa a quer­er enten­der qué pasó en real­i­dad, por qué los mató.

Las madres no expone sin tapujos lo miserables que podemos ser los humanos.

Y no me refiero al crimen, sino a otros muchos momen­tos de la nov­ela. Por ejemplo:

“¿Aca­so hay algo que no se pue­da con­seguir en esta fase tardía del cap­i­tal­is­mo? Necesi­dades mate­ri­ales y espir­i­tuales, ambas puede cubrir­las el mer­ca­do. ¿Por qué no, entonces, la necesi­dad de repro­ducirse, que se encuen­tra en una zona gris entre ambas? […] Per­done que insista, pero ¿les hemos comen­ta­do ya nues­tras flex­i­bles condi­ciones de financiación?”

La auto­ra habla tam­bién del lado oscuro de la pren­sa, vista como nego­cio. Y crit­i­ca la mis­oginia de nues­tra cul­tura, que con­duce a que muchas mujeres vivan con miedo.

El tema de la maternidad se aborda desde diferentes perspectivas.

La descrip­ción del par­to y sus con­se­cuen­cias para el cuer­po de la madre me ha gus­ta­do mucho. Creo que la mez­cla de pal­abras téc­ni­cas (neocór­tex, prostaglan­d­i­na, etc.) con lo bien que trans­mite ese dolor inimag­in­able resul­ta muy efec­ti­va. Además, refuerza y apoya la nece­saria denuncia:

“Aten­di­en­do a a escasa evi­den­cia cien­tí­fi­ca, puede decirse que la fisi­ología del par­to es todavía una gran descono­ci­da para la med­i­c­i­na, como sucede tan a menudo cuan­do el impli­ca­do es el cuer­po de la mujer”.

Las secue­las físi­cas de un par­to o de una cesárea pueden ser ter­ri­bles, pero gen­eral­mente no se les da la impor­tan­cia que tienen. Peor aún son las secue­las psi­cológ­i­cas. Una depre­sión post­par­to puede durar años, y si no se tra­ta, podría derivar en una psi­co­sis post­par­to. Sin embar­go, es un tema tabú:

“No hay que olvi­dar la pre­sión social que se impone a las madres. Es muy duro para la may­oría de las mujeres recono­cer que la mater­nidad no las col­ma de felicidad…”

Nadie habla de que ser madre es ten­er miedo con­stan­te­mente, dormi­da y despier­ta, por lo que le puede pasar a tu hijo. Nadie te prepara para que tus nervios estén siem­pre en ten­sión. No te avisan de que eso, suma­do a la fal­ta de sueño, te va a pasar fac­tura. Porque las madres no se que­jan, a las madres les da igual sufrir si es por sus hijos, las madres no importan.

Desde el momento en que da a luz, la madre deja de ser mujer, o incluso persona.

Durante los sigu­ientes meses será “aque­l­la cosa amor­fa pega­da a dos grandes tetas, a las que a su vez se pega­ba un niño”.

La pro­tag­o­nista de Las madres no se nie­ga a acep­tar­lo. Ella quiere volver a ser mujer, escrito­ra, per­sona con una vida y una iden­ti­dad propias. Pero eso no será fácil.

Si una madre tiene que dejar a su hijo en la guardería, porque no le que­da más reme­dio, todo el mun­do lo entiende. Pero si quiere hac­er­lo para poder dedi­carse ple­na­mente a escribir, se siente cul­pa­ble. Y lo peor no es lo que diga la sociedad, sino lo que esa madre se dice a sí mis­ma. Nues­tra nar­rado­ra lle­ga a pen­sar que es estúp­i­da, o que no fun­ciona como es debido.

Porque se supone que las madres no tienen otro interés que sus hijos; las madres no desean otra cosa que la feli­ci­dad de sus hijos; las madres no sueñan, ni aspi­ran a nada más para sí mis­mas, porque la mater­nidad es el momen­to cum­bre de la vida de cualquier mujer; las madres no se abur­ren; las madres no…

“Si alguien es madre, el sexo no puede inter­ferir en su vida. Si una mujer cae en las gar­ras del sexo, ya no es madre, es puta. Si es puta, no da vida; muy al con­trario, prob­a­ble­mente sea peli­grosa, capaz de quitar la vida si alguien cae en su tram­pa mor­tal. La que no es una asesina, la que no es puta… esa es la madre: la que da la vida. 

O dicho de man­era más simple. 

Todas putas, menos mi madre. 

Ya hemos escucha­do esta historia”. 

Pero nuestra protagonista, además de madre, también es hija.

Y eso provo­ca momen­tos muy intere­santes. Cuan­do pien­sa en su propia madre, a veces lo hace recor­dan­do su relación con ella cuan­do era una niña, o una ado­les­cente; pero otras veces lo hace como adul­ta, y pien­sa en que esa mujer es la abuela de su hijo. Ese doble papel, como hija y madre a la vez, me parece fascinante.

Nuestra sociedad tiene muy claro cómo tiene que ser una madre. Pero en realidad, ¿le preocupa la infancia?

Esos bebés muer­tos, ¿a quién le impor­tan real­mente? Sue­na hor­ri­ble, pero es ver­dad. La propia nar­rado­ra, que ha ded­i­ca­do meses a inves­ti­gar su asesina­to, ni siquiera se pre­gun­ta sus nom­bres. El juicio se cen­tra en la madre, la asesina; los niños nun­ca son protagonistas.

Por eso resul­ta tan estreme­ce­dor el capí­tu­lo tit­u­la­do Matar niños. Es ver­dad, matar niños, inclu­so matar a tus pro­pios hijos, empezó a ser deli­to hace rel­a­ti­va­mente poco tiem­po. Porque es una prác­ti­ca que se ha repeti­do en todas las cul­turas a lo largo de la his­to­ria. Porque los niños son fáciles de matar, sobre todo cuan­do son bebés.

Porque son bocas que ali­men­tar, o fru­tos de un amor traiciona­do, o víc­ti­mas colat­erales de una guer­ra, o un per­fec­to trib­u­to que ofre­cer a los dios­es… El ser humano siem­pre ha encon­tra­do un moti­vo para jus­ti­ficar el asesina­to de los niños.

De ver­dad, leed ese capí­tu­lo. Está muy bien escrito, con un tono frío y racional que me resultó ater­rador; y tan lleno de ver­dad que me parece inolvidable.

A nivel técnico, Las madres no es excelente.

El tex­to mez­cla nov­ela, ensayo y cróni­ca, con un resul­ta­do muy intere­sante. La nar­ración con­tiene ele­men­tos de sus­pense y una gran car­ga emo­ti­va, que a mí me sedu­jo inmedi­ata­mente. Por otra parte, la cróni­ca del juicio apor­ta obje­tivi­dad y dinamis­mo a la his­to­ria. El ensayo, en mi opinión, es bril­lante, porque está bien argu­men­ta­do, uti­liza un vocab­u­lario téc­ni­co que me llamó mucho la aten­ción, e invi­ta a reflex­ionar sobre temas que nor­mal­mente no nos planteamos. Mez­clan­do estos ingre­di­entes, la auto­ra ha con­segui­do una his­to­ria bien equi­li­bra­da, ni demasi­a­do emo­cional, ni demasi­a­do fría.

La pro­tag­o­nista está bien con­stru­i­da, resul­ta creíble y es fácil iden­ti­fi­carse con ella. Es una mujer mod­er­na, que nego­cia con su pare­ja, exige respeto a su pro­fe­sión y quiere seguir sien­do sex­ual­mente atrac­ti­va. Pero tam­bién es un per­son­aje muy humano, que comete errores, tiene momen­tos de debil­i­dad y demues­tra un enorme amor a su hijo, aunque de una man­era dis­tin­ta a la que exi­gen los cánones sociales.

El tono es direc­to, crudo, sin eufemis­mos y total­mente real­ista. Este libro habla claro, denun­cia sin escon­der­se, y acusa sin miedo.

Las madres no habla también del proceso creativo.

Me encan­ta la esce­na en la que la pro­tag­o­nista inten­ta encon­trar una estruc­tura y un enfoque para su libro. Todas las pre­gun­tas que se plantea sobre los límites, sus fuentes, e inclu­so el esti­lo, demues­tran lo difí­cil que es escribir bien. Por eso amo tan­to la lit­er­atu­ra, y admiro a los escritores. Así que me parece que explicar todo el tra­ba­jo pre­vio a la redac­ción es impor­tante, y muy útil para los que aspi­ran a escribir su pro­pio libro.

Al final de la nov­ela, la nar­rado­ra vuelve a este tema, con una frase que me gustó mucho:

“¿Sería yo mis­ma más feliz jugan­do con lo que escriben otros, dis­fru­tan­do momen­tos, sufrien­do momen­tos, olvi­dan­do momen­tos, recor­dan­do momen­tos, sin pen­sar en cómo expre­sar­los luego en pal­abras de la man­era más ver­az, por miedo a que de lo con­trario no sean reales? Sospe­cho que la respues­ta a todas esas pre­gun­tas es sí, pero en real­i­dad no impor­ta porque una no elige sus impul­sos libremente”.

En definitiva, Las madres no es un libro que deja huella.

Si no lo habéis leí­do, os invi­to a des­cubrir­lo. Yo lo devoré de un tirón, porque esta­ba dis­fru­tan­do tan­to con su lec­tura, que no quería parar. Y al ter­mi­narlo me he venido direc­ta­mente a escribir esta reseña, porque nece­sita­ba hablar de la pro­fun­da impre­sión que me ha pro­duci­do. Nun­ca volveré a ver la mater­nidad de la mis­ma manera.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leí­do esta nov­ela? ¿Os gustó tan­to como a mí? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do has­ta la próx­i­ma entra­da. ¡Leed mucho!

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