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Mujercitas — Louisa May Alcott

Mujerci­tas es una de esas his­to­rias que cre­cen con­ti­go. Según a qué edad la leas te lla­marán la aten­ción unos pasajes u otros, pero siem­pre encon­trarás algo intere­sante en este libro.

Esta novela narra la vida de cuatro hermanas.

Meg, Jo, Beth y Amy March son las pro­tag­o­nistas. Las cono­ce­mos cuan­do son unas niñas llenas de sueños y esper­an­zas, y nos des­ped­i­mos de ellas cuan­do ya son mujeres adul­tas. Su his­to­ria ha servi­do de guía e inspiración para muchos lec­tores, que se han vis­to refle­ja­dos en alguno de estos cua­tro per­son­ajes. Porque la auto­ra creó una per­son­al­i­dad muy clara y defini­da para cada una de las her­manas, que son muy difer­entes entre sí.

La obra tra­ta temas fun­da­men­tales como la edu­cación, el amor y la amis­tad. Pero tam­bién habla de otras cues­tiones más polémi­cas, como el dinero, por ejem­p­lo. ¿Cómo enfrentarse a la pobreza? ¿Es líc­i­to hac­er algo que repugna a tu con­cien­cia si con ello con­sigues dinero para tu familia?

Tam­bién me gus­ta mucho el con­traste entre la men­tal­i­dad esta­dounidense y la euro­pea, que se describe en var­ios episo­dios tan­to de la primera como de la segun­da parte. Y la gran impor­tan­cia que tiene el Arte en la tra­ma. A menudo se habla de músi­ca, lit­er­atu­ra, pin­tu­ra y escultura.

Mi relación con Mujercitas es muy especial.

Yo la leí por primera vez cuan­do era niña, e inmedi­ata­mente me iden­ti­fiqué con Jo March, la her­mana rebelde y enam­ora­da de la lit­er­atu­ra. La his­to­ria me encan­tó, pero no le di más impor­tan­cia, era sim­ple­mente un buen libro con el que había dis­fru­ta­do, sin más.

Sin embar­go, las nov­e­las de crec­imien­to plan­tan semi­l­las que se te quedan den­tro, y nun­ca he olvi­da­do aque­l­la primera lec­tura. A lo largo de mi vida, no solo de ado­les­cente sino tam­bién sien­do ya adul­ta, ha habido momen­tos en los que de repente me he acor­da­do de algún pasaje de Mujerci­tas. La fuerza y la resisten­cia de Jo son inspi­rado­ras, pero tam­bién la enorme capaci­dad de amar de Beth o la sen­satez de Amy.

Para opinar sobre Mujercitas es importante tener en cuenta cuándo se escribió.

Por eso me ha gus­ta­do tan­to la edi­ción de Lumen, que incluye algunos ensayos con­tex­tuales muy útiles.

Leyén­do­los me he lle­va­do algu­nas sor­pre­sas. Por ejem­p­lo, yo siem­pre había pen­sa­do que en esta his­to­ria hay demasi­a­do con­tenido reli­gioso: las niñas leen a menudo el Nue­vo Tes­ta­men­to, su madre las invi­ta a rezar y a pen­sar en Dios a menudo, y el padre es pas­tor, por pon­er solo algunos ejem­p­los. Por eso me sor­prendió tan­to des­cubrir que, cuan­do se pub­licó, la pren­sa reli­giosa dijo que en este libro no había sufi­ciente espíritu cristiano.

Yo leí estos ensayos antes que la nov­ela, y fue un acier­to, porque me ayu­daron a detec­tar algu­nas críti­cas sociales deslizadas sutil­mente en el tex­to. Por ejem­p­lo, en la escuela de Jo se matricula

“… un ale­gre cuar­terón, al que no acept­a­ban en ningún otro lugar, y que aco­gieron a pesar de que cier­tas per­sonas predi­jeron que su admisión supon­dría la ruina del colegio”.

Por este tipo de pasajes es por lo que decía que Mujerci­tas crece con­ti­go. Cuan­do lo leí de niña, no me di cuen­ta de que habla­ba del racis­mo. Igual­mente, tam­poco me pre­gun­té en qué guer­ra esta­ba luchan­do el señor March. Aho­ra es cuan­do he enten­di­do que Alcott hace ref­er­en­cia a la Guer­ra de Sece­sión y sus secue­las. Lo que, a su vez, me ha dado ganas de releer Lo que el vien­to se llevó y La cabaña del tío Tom. Esa es la magia de la bue­na literatura.

Tenien­do en cuen­ta la moral imper­ante en su época, creo que la auto­ra fue muy valiente al pub­licar una nov­ela tan inno­vado­ra. No solo por sus alu­siones a la políti­ca, la desigual­dad social, y los inmi­grantes (como los Hum­mel, una famil­ia ale­m­ana veci­na de los March); tam­bién porque todos los per­son­ajes son imper­fec­tos, pueden ser muy mezquinos, se equiv­o­can, y es la suma de sus errores lo que les hace madurar.

Otro ele­men­to nove­doso es que la his­to­ria no se aca­ba con la boda y el típi­co “Fueron felices y comieron perdices”. No, en este caso, vemos las difi­cul­tades de la vida conyu­gal, y lo com­pli­ca­do que es man­ten­er un mat­ri­mo­nio. Además, el final es todo lo reivin­dica­ti­vo que podía ser en aquel momen­to y circunstancias.

Hace unos meses oí comentar que Mujercitas era una novela feminista.

Reconoz­co que me asom­bré, porque yo no la record­a­ba así. Es cier­to que Jo March es un per­son­aje que se opone a las nor­mas sociales, y que durante mucho tiem­po se nie­ga a adap­tarse al rol tradi­cional­mente asig­na­do a las mujeres. Pero, ¿eso es sufi­ciente para con­ver­tir toda la nov­ela en una his­to­ria feminista?

En esta relec­tura he bus­ca­do la respues­ta a esa pre­gun­ta. Y me he encon­tra­do con esta joya que no recordaba:

“No te encier­res en una som­br­erera por el hecho de ser mujer. Debes cono­cer qué ocurre en el mun­do, for­marte para par­tic­i­par en los cam­bios que se pro­ducen, porque te afectan tan­to a ti como a los tuyos”.

La madre de nues­tras Mujerci­tas las ins­ta a intere­sarse por la políti­ca, a ten­er opin­iones propias, a diver­tirse y no quedarse encer­radas en casa cuidan­do de sus hijos. Y, lo que es más impor­tante, les insiste en que sus mari­dos deben com­par­tir el tra­ba­jo que impli­ca cuidar a los niños, e involu­crarse en su educación.

La auto­ra nos pre­sen­ta a hom­bres que se encar­gan ellos solos de remen­dar su ropa, y de cuidar y edu­car sin ayu­da a los niños a su car­go. Es pre­cisa­mente un hom­bre el que hace esta crítica:

“Hoy en día, a muchas chi­cas las edu­can para que se casen por dinero, pobre­cil­las, y creen que es su úni­ca salida”.

Hace poco leí un exce­lente ensayo en el que se men­ciona­ba en varias oca­siones a Mujerci­tas, para ilus­trar la situación de la mujer en el siglo diecin­ueve. Y es cier­to que esta nov­ela tiene una parte cos­tum­brista en la que se deja muy claro qué se esper­a­ba de una señori­ta, y cómo debía com­por­tarse una mujer. De hecho, Meg March asume ese men­saje y acep­ta las imposi­ciones sociales, com­portán­dose de acuer­do con el mod­e­lo establecido.

Pero inclu­so ella se rebela cuan­do se tra­ta de ele­gir a su futuro mari­do. Amy, por su parte, aparenta ser un mod­e­lo de vir­tud y ele­gan­cia social; pero esa acti­tud se debe a su ambi­ción y su mente cal­cu­lado­ra, ya que es la mejor man­era de escalar en la sociedad y con­seguir un mari­do rico y poderoso. La opinión de Jo tam­bién está muy clara:

Estoy muy bien así, val­oro mi lib­er­tad y no ten­go prisa por perder­la a cam­bio de ningún hombre”.

Por todo esto con­sidero que Mujerci­tas sí que tiene un men­saje muy feminista.

Hay que ten­er en cuen­ta que se pub­licó en 1868, así que la auto­ra no podía hablar tan abier­ta­mente de estas cues­tiones como se habla en la actu­al­i­dad. Pero el hecho de que la his­to­ria se cen­tre en las mujeres, y es más, en mujeres llenas de ambi­ción que son auto­su­fi­cientes y ganan dinero por sí mis­mas; la inclusión de una rebelde como Jo, que inclu­so cuan­do parece clau­dicar y se casa, elige un mari­do muy poco con­ven­cional; y la relación de igual a igual que mantienen las muchachas con Lau­rie, son argu­men­tos que me han convencido.

En conclusión, Mujercitas sigue siendo uno de mis clásicos favoritos.

Para ser jus­tos, reconoz­co que hay algu­nas partes que han enve­je­ci­do mal. Las ref­er­en­cias a la religión y los pár­rafos en los que es evi­dente que se inten­ta edu­car moral­mente al lec­tor resul­tan tediosos y aburren.

Pero, en gen­er­al, la his­to­ria es dinámi­ca, tiene momen­tos muy diver­tidos y la lec­tura resul­ta ame­na. Encon­tramos todos los reg­istros, des­de esce­nas que emo­cio­nan tan­to que te hacen saltar las lágri­mas, has­ta situa­ciones llenas de ten­sión en las que no sabes cómo van a reac­cionar los personajes.

¿Qué opináis vosotros? Si la habéis leí­do, ¿estáis de acuer­do con lo que digo en mi reseña? Si no la habéis leí­do, ¿os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do has­ta la próx­i­ma entra­da. ¡Leed mucho!

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2 comentarios

  1. Patricia Patricia

    Un clási­co de mi infan­cia. Tal vez sea el momen­to para releer­lo con mira­da adul­ta. Gra­cias y un saludo.

    • Flecha-literaria Flecha-literaria

      Hola Patri­cia,
      gra­cias por tu comen­tario. Eso es lo que hice yo, releer­lo de for­ma críti­ca, y los resul­ta­dos fueron sor­pren­dentes. Un abrazo.

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