Saltar al contenido

Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut — Abate Prévost

Tam­bién cono­ci­da como Manon Lescaut, esta nov­ela fue con­de­na­da a la hoguera por el Par­la­men­to de París dos veces por con­sid­er­arse escan­dalosa. Se reed­itó en 1753, y des­de entonces ha inspi­ra­do óperas, pelícu­las, un bal­let y tam­bién otras obras, como por ejem­p­lo La Dama de las camelias, de Ale­jan­dro Dumas hijo.

Y no es de extrañar. La tra­ma en sí ya es intere­sante, pero además está muy bien escri­ta. El autor antic­i­pa pequeñas pis­tas de lo que va a ocur­rir, para ten­er­nos en vilo. La for­ma en que nos pre­sen­ta a los pro­tag­o­nistas, por ejem­p­lo, es real­mente orig­i­nal. A mí me gen­eró curiosi­dad por averiguar quiénes son y qué les ha suce­di­do, porque Prévost sabe mane­jar la intriga.

Manon Lescaut narra una historia de amor prohibido, llena de traiciones, sorpresas, separaciones y reencuentros.

Ya sabéis que yo no soy lec­to­ra de nov­ela román­ti­ca.  Y sin embar­go, Manon Lescaut me ha tenido total­mente engan­cha­da des­de el prin­ci­pio has­ta el final. Es difí­cil resi­s­tirse a una pasión tan inten­sa, tan pura y sobre todo tan sin­cera. Des Grieux, el pro­tag­o­nista, no solo prom­ete, sino que real­mente cumple sus prome­sas. Más aún, se entre­ga total­mente, en cuer­po y alma, a pesar de que conoce las ter­ri­bles con­se­cuen­cias que ten­drá que pagar:

“Manon sen­tía una desme­di­da pasión por el plac­er; yo la sen­tía por ella”.

Manon, por su parte, es un per­son­aje fasci­nante. Aunque ama real­mente a Des Greiux, no es con­sciente del daño que le hace. Al prin­ci­pio puede pare­cer que es mal­va­da e ingra­ta, pero cuan­do pro­fun­dizas en su psi­cología te das cuen­ta de que sim­ple­mente es un espíritu libre. Es ver­dad que no entiende qué tiene de malo pasar la noche con otro hom­bre, si a cam­bio de ello con­sigue una vida de lujo, no para ella, sino para los dos. La úni­ca fidel­i­dad que desea es la del corazón.

Lo que no me gus­ta de este per­son­aje es su ten­den­cia a gas­tar­le bro­mas cru­eles a los hom­bres de los que solo quiere dinero. Por eso me cae fran­ca­mente mal. Lo peor es que ese defec­to se com­bi­na con una ingenuidad increíble, que hace que no sea capaz de medir el peligro.

Pero Manon Lescaut no es es simplemente una historia de amor.

Mien­tras leía, me parecía estar real­mente en el París de 1720. A veces, dis­fru­tan­do del lujo en los teatros y las casas de juego, en las que no pocos aristócratas hacían tram­pas para poder costearse ese tipo de vida. Otras veces, encer­ra­da en algu­na de las varias pri­siones que se describen en la nov­ela. Y siem­pre inm­er­sa en la moral de la época, tan bien refle­ja­da en cada pági­na, y en los var­ios temas que se tratan.

La difer­en­cia entre clases está muy pre­sente, pero no como una lucha. Parece algo uni­ver­salmente acep­ta­do que los hijos de nobles y ricos son mejores per­sonas y se mere­cen mejor tra­to. Nue­stro pro­tag­o­nista no duda en uti­lizar esa ven­ta­ja varias veces a lo largo de la historia.

La religión parece ten­er mucho peso en esta sociedad. Y digo parece, porque en real­i­dad su influ­en­cia no impi­de que los hom­bres man­ten­gan una o varias amantes, se jueguen su dinero en las apues­tas y se batan en due­lo. Sin embar­go, sí que se aspi­ra a reha­bil­i­tar a los jóvenes traviesos (de alta cuna, se entiende) a través de la religión. El pro­pio pro­tag­o­nista bus­ca con­sue­lo en la igle­sia tras la primera traición de Manon. Y jun­to con la religión, casi dos caras de una mis­ma mon­e­da, se encuen­tra el honor.

La autén­ti­ca amis­tad, desin­tere­sa­da y siem­pre fiel, es otro pilar de esta his­to­ria. De hecho, es gra­cias a sus ami­gos que Des Grieux con­sigue sobre­vivir en varias oca­siones, cuan­do ya está prác­ti­ca­mente en la indi­gen­cia. Pero no solo recibe ayu­da mate­r­i­al. Tiberge, su antiguo com­pañero del sem­i­nario, sim­boliza tam­bién la con­cien­cia de nue­stro pro­tag­o­nista, y apor­ta equi­lib­rio a la historia.

La nar­ración incluye numerosas reflex­iones. Os dejo una que me ha gus­ta­do especialmente:

“Uno se pre­gun­ta la razón de esa extrav­a­gan­cia del corazón humano, que le hace dis­fru­tar de las ideas de bien y de per­fec­ción de las que se ale­ja en la práctica”.

He aprendido cosas interesantes con esta lectura.

Yo no lo sabía, pero alrede­dor de 1720 se fundó la Com­pañía del Mis­sisipi, para expor­tar de for­ma masi­va pros­ti­tu­tas para los pobladores de las colo­nias, como Nue­va Orleans. A las mujeres depor­tadas no se les pre­gunt­a­ba su opinión, sino que se las envi­a­ba enca­de­nadas y sin posi­bil­i­dad de recur­rir la sen­ten­cia. Esta ley y sus con­se­cuen­cias están refle­jadas de una for­ma muy impac­tante en la novela.

En con­clusión, esta obra me ha sor­pren­di­do y me ha gus­ta­do mucho más de lo que me esper­a­ba. Si os gus­tan las his­to­rias de amor, no podéis perdérosla. Si dis­frutáis de la nov­ela históri­ca, tam­bién os gus­tará. Y si buscáis un clási­co apa­sio­n­ante y fácil de leer, os la recomien­do sin dudar.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leí­do Manon Lescaut? ¿Os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do has­ta la próx­i­ma reseña. ¡leed mucho!

Com­párte­lo
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *