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La tierra de la lluvia escasa — Mary Austin

Leer La tier­ra de la llu­via escasa es via­jar en el espa­cio y en el tiem­po. Su prosa es tan clara y direc­ta que evo­ca sin esfuer­zo las imá­genes de paisajes y per­sonas intere­santes, y te da ganas de cono­cer mejor las cul­turas y cos­tum­bres que presenta.

Este libro no narra una historia.

Cada capí­tu­lo es la descrip­ción de un lugar o una per­sona, nada más. Parece increíble que un libro así pue­da atra­par al lec­tor, pero os ase­guro que lo hace. Porque estas pági­nas des­ti­lan belleza y expre­san un amor pro­fun­do por esa tier­ra, por su flo­ra y fau­na, y tam­bién por sus gentes.

Con La tier­ra de la llu­via escasa, Mary Austin se refer­ía al ter­ri­to­rio que se encuen­tra entre las sier­ras altas al sur de Yosemite, aden­trán­dose en el desier­to de Mojave. Si ten­emos en cuen­ta que este libro se pub­licó en 1903, no es sor­pren­dente que en sus pági­nas nos encon­tremos con bus­cadores de oro, indios y pueb­los que pare­cen saca­dos de una pelícu­la del oeste.

Las descripciones son poderosas.

“Más allá del desier­to se ele­van las plani­cies de lava; pare­des cor­tantes de cañones estre­chos; char­cos con­ge­la­dos de una legua de ancho de roca negra, intol­er­a­bles y ame­nazantes. Más allá de la lava, las bocas que la expul­saron, de labios ruinosos, cráteres en ruinas car­ga­dos de nubes, casi todos de tier­ra roja… »

El capí­tu­lo que habla del desier­to y del Valle de la Muerte me ha pare­ci­do fasci­nante. Solo hay que mirar de otra man­era para darse cuen­ta de que lo que parecía un sitio des­o­la­do y muer­to, en real­i­dad está lleno de vida. Estos pár­rafos nos demues­tran lo equiv­o­ca­dos que esta­mos al creer­nos supe­ri­ores, y cuán­to ten­emos que apren­der de la nat­u­raleza. No solo de los ani­males, tam­bién las plan­tas nos avergüen­zan con su increíble capaci­dad para sobre­vivir en condi­ciones tan extremas.

En algu­nas zonas del desier­to podemos encon­trar a hom­bres rudos y cur­tidos, con sus rebaños, sus mulas y su certeza de que alguien morirá en cada expe­di­ción. La tier­ra los llama.

Lo más intere­sante es la for­ma de escribir de la autora:

“Ningún otro lugar como esta exten­sa tier­ra par­da para tomar­le car­iño. Las col­i­nas arcoiris, las tier­nas nebli­nas azu­ladas, el lumi­noso res­p­lan­dor de la pri­mav­era, tienen el encan­to del loto. Engañan al sen­ti­do del tiem­po de for­ma que, una vez se habi­ta aquí, uno siem­pre pre­tende irse sin darse cuen­ta de que no lo ha hecho”.

Los animales son protagonistas en varios capítulos.

Me gus­ta muchísi­mo cómo Mary Austin habla de la inteligen­cia del coy­ote, que escoge siem­pre el mejor camino para lle­gar a su des­ti­no con la may­or economía de esfuer­zo, y a la vez con mucha cautela; cómo describe la belleza de los muflones, ani­males poderosos que sobre­viv­en inclu­so en mitad de la nieve; o la impor­tan­cia de los car­roñeros y la com­ple­ja inter­de­pen­den­cia de las criat­uras sal­va­jes, que cam­bian su com­por­tamien­to para adap­tarse unas a otras.

También la flora de la región tiene gran importancia en La tierra de la lluvia escasa.

Hay pár­rafos boni­tos, en los que se describe la belleza de un pra­do cubier­to de flo­res; hay descrip­ciones de paisajes impre­sio­n­antes en las que los árboles son pro­tag­o­nistas; y en otros momen­tos es intere­sante leer sobre lo útiles que son las plan­tas para los habi­tantes de la zona.

Pero tam­bién hay pági­nas en las que las descrip­ciones de cada plan­ta y cada flor son tan exhaus­ti­vas, que me resul­taron demasi­a­do largas y un poco tediosas. Esa es la úni­ca pega que le puedo pon­er a este libro.

Mis favoritos son los capítulos en los que se habla de las personas.

El bus­cador de filones, por ejem­p­lo, me parece un per­son­aje intere­san­tísi­mo. Es un hom­bre nóma­da, que posee solo lo que puede car­gar en su mula y cada noche mon­ta el cam­pa­men­to en un sitio difer­ente. Siem­pre tiene his­to­rias que con­tar, pero lo más fasci­nante en él es su capaci­dad de adaptación:

“El bus­cador de filones había lle­ga­do al pun­to en el que no conocía el mal tiem­po, sien­do todos los lugares igual­mente felices, siem­pre y cuan­do estu­viesen al aire libre. No sé cuán­to tiem­po tar­da uno en har­tarse de los ele­men­tos como para no ten­er­los en cuenta”.

Tam­bién me han gus­ta­do mucho las descrip­ciones de los pas­tores, y las del pueblo donde viv­en los bus­cadores de oro. Todas las per­sonas de las que se habla en La tier­ra de la llu­via escasa son espe­ciales por algún motivo.

Pero si tuviera que elegir, me quedaría con los capítulos centrados en los nativos americanos.

La auto­ra habla de dos tribus difer­entes, enfrentadas entre sí. Primero nos pre­sen­ta a un shoshoni lla­ma­do Win­nenap, un hom­bre-med­i­c­i­na que com­par­tió con ella muchos recuer­dos y le enseñó el modo de vida de su tribu. Solo por estas pági­nas ya mere­cería la pena leer el libro, son abso­lu­ta­mente maravillosas.

Tam­bién me entu­si­as­ma el capí­tu­lo pro­tag­on­i­za­do por Seyavi, una india paiute, capaz de sobre­vivir y sacar ade­lante a su hijo pequeño ella sola, y en las peo­res cir­cun­stan­cias posi­bles. Su fuerza, su filosofía vital y su capaci­dad de acep­tar lo inevitable me han conmovido.

El estilo de Mary Austin es curioso.

En gen­er­al es bas­tante sobrio, se nota que la auto­ra es una mujer dura, en espe­cial cuan­do habla de la muerte. Sin embar­go, hay frag­men­tos en los que sus descrip­ciones son casi poéti­cas. Y en uno de mis capí­tu­los favoritos, Las calles de las mon­tañas, usa un tono ligero, inclu­so con algo de ironía:

«“Ven” dicen las igle­sias de los valles, después de una tem­po­ra­da de años sec­os, “rece­mos por la llu­via”. Harían mejor plan­tan­do más árboles».

La tierra de la lluvia escasa me ha enamorado.

En cada pági­na se nota que la auto­ra llev­a­ba años obser­van­do la nat­u­raleza, explo­ran­do las mon­tañas, acam­pan­do al aire libre y vis­i­tan­do los lugares de los que habla.

Cuan­do describe el pueblo mex­i­cano, trans­mite per­fec­ta­mente la solem­nidad de los actos ofi­ciales y la eufo­ria de la fies­ta. Cuan­do reflex­iona sobre los nativos amer­i­canos, resume con pocas pal­abras lo que sig­nifi­ca para ellos la tier­ra y sus tradi­ciones, y da en el cla­vo. Sin duda, sabe de lo que habla, y eso para mí es importante.

Pero lo mejor es que la lec­tura resul­ta muy ame­na. Cada capí­tu­lo tran­scurre en un lugar difer­ente, y trans­mite cosas dis­tin­tas. En el capí­tu­lo que nar­ra las tor­men­tas de mon­taña sientes la fuerza del vien­to y el miedo que da; en la visi­ta al cam­pa­men­to, te invade la melan­colía, además de invi­tarte a reflex­ionar. Y es que la pasión y el amor de la auto­ra por esta tier­ra y estas gentes son contagiosas.

Es una pena que esta mar­avil­la esté en tan pocas libr­erías. Pero si no lo encon­tráis en la vues­tra, podéis com­prar­lo direc­ta­mente en la web de la editorial.

¿Qué opináis vosotros? ¿Habéis leí­do este libro? ¿Os gustó? Si no lo habéis leí­do, ¿os apetece des­cubrir­lo? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do has­ta la próx­i­ma entra­da, con un abra­zo para todos. ¡Leed mucho!

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2 comentarios

  1. Patricia Patricia

    Me ha encan­ta­do la reseña, siem­pre me ha fasci­na­do la cul­tura indí­ge­na norteam­er­i­cana y sivle añadi­mos la cal­i­dad lit­er­aria que comen­tas no me lo puedo perder. Gracias.

    • Flecha-literaria Flecha-literaria

      Hola Patri­cia, gra­cias por tu comentario,
      creo que este libro es per­fec­to para ti, mien­tras lo leía pens­a­ba en cuán­to te gustaría.

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