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Novela de ajedrez — Stefan Zweig

Nov­ela de aje­drez es una his­to­ria sor­pren­dente, que habla del nazis­mo des­de un pun­to de vista poco habitual.

La sinopsis es simple.

Durante un crucero se orga­ni­za una par­ti­da de aje­drez en la que par­tic­i­pa un famoso campeón del mun­do. Los demás jugadores no tienen ningu­na posi­bil­i­dad de ganar, has­ta que aparece un mis­te­rioso per­son­aje que con­sigue bajar­le los humos al campeón. La his­to­ria de ese per­son­aje, de cómo y por qué aprendió a jugar, es la parte fun­da­men­tal de la tra­ma. Después de cono­cer­la, los lec­tores vivire­mos de una for­ma muy inten­sa la par­ti­da final entre estos dos genios del ajedrez.

Los personajes de Novela de ajedrez son realmente interesantes.

Lo que más me gus­ta es que están con­stru­i­dos con muchos mat­ices. Por ejem­p­lo, el campeón es un hom­bre rudo, incul­to, sin imag­i­nación y al que todos des­pre­cian por su fal­ta de modales y su con­ver­sación estúp­i­da. Sin embar­go, tiene la sufi­ciente inteligen­cia como para saber que tiene que evi­tar a la pren­sa, y cuan­do se rela­ciona con per­sonas ele­gantes o cul­ti­vadas solo lo hace a cam­bio de dinero, porque nun­ca jue­ga una par­ti­da sin cobrar.

Su con­trin­cante, el mis­te­rioso señor B. (nun­ca se men­ciona su nom­bre com­ple­to) es un bur­gués refi­na­do y muy cul­to, agrad­able con todos, pru­dente e inteligente. Y sin embar­go, a pesar de ser con­sciente del peli­gro que supo­nen los nazis, a pesar de ser reser­va­do y pro­te­ger sus secre­tos, aca­ba pri­sionero de la Gestapo.

Qué ironía, ¿no? Al final, el que tri­un­fa y se libra de los prob­le­mas es el zoquete al que todos con­sid­er­an un cretino. Pero, por supuesto, esto no es casualidad.

Nov­ela de aje­drez es, entre otras cosas, un estu­dio psi­cológi­co, y sus per­son­ajes una metá­fo­ra de cómo la población reac­ciona ante un rég­i­men total­i­tario. La fuerza bru­ta, sim­boliza­da medi­ante un hom­bre que solo se mueve por interés y es inca­paz de empa­ti­zar con sus admi­radores, aplas­ta a las per­sonas sen­si­bles y cre­ati­vas que inten­tan vencer­la medi­ante su inteligencia.

Desco­ra­zon­ador, pero muy realista.

El tema central de la historia es la soledad.

Los nazis encier­ran al señor B. en una habitación de hotel, y durante meses per­manece allí, com­ple­ta­mente ais­la­do del mun­do. No tiene nada con lo que dis­traerse y nadie habla con él. La soledad abso­lu­ta resul­ta ser una tor­tu­ra tan ter­ri­ble que está a pun­to de der­rum­barse y confesar:

“Y se sigue esperan­do, y esperan­do, y esperan­do… y pen­san­do, y pen­san­do, y pen­san­do… has­ta que due­len las sienes. Y no ocurre nada. Y estás solo”.

Pero un día con­sigue robar un libro. Por fin tiene algo en lo que ocu­parse, con lo que dis­traerse, y eso será lo que le per­mi­ta sopor­tar la tor­tu­ra. Zweig sabía muy bien que un libro es un arma poderosa.

Esta nov­ela habla tam­bién de lo peli­grosas que pueden ser las obse­siones, y de los trau­mas irre­versibles que se pro­ducen cuan­do se somete al cere­bro a una ten­sión extrema durante mucho tiempo.

Novela de ajedrez es una maravilla técnica.

La for­ma en que Zweig entre­laza las his­to­rias de los tres per­son­ajes prin­ci­pales es muy hábil. Aunque hay saltos tem­po­rales y cam­bios de nar­rador, están escritos de man­era que siem­pre tienes claro quién habla y de quién se está hablando.

Pero lo real­mente impre­sio­n­ante es cómo se describe el cau­tive­rio del señor B. Leemos la evolu­ción que exper­i­men­ta, cómo se va dete­ri­o­ran­do día a día. Sen­ti­mos las cua­tro pare­des que lo encier­ran, la claus­tro­fo­bia, el ago­b­io, lleg­amos a involu­crarnos tan­to en su his­to­ria que se nos con­ta­gia su soledad. Cuan­do él pasea febril­mente por su habitación, nos sen­ti­mos inqui­etos. Cuan­do empieza a perder la cor­du­ra, no podemos evi­tar sen­tir pena y desear que todo se acabe antes de que el daño sea irreparable.

Lo mejor es que el autor con­sigue escribir pár­rafos real­mente bel­los, de los que te hacen dis­fru­tar por lo cuida­do que está el lenguaje:

“Observ­a­ba cada pliegue de aque­l­los capotes, me fija­ba por ejem­p­lo en la gota que baja­ba de una de las sola­pas mojadas, y esper­a­ba con inco­her­ente ansiedad ver si final­mente rodaría a lo largo del pliegue, o si resi­s­tiría a la fuerza de la gravedad y se man­ten­dría adheri­da a la sola­pa. Sí, estuve mirán­dola larga­mente, los min­u­tos se me hacían eter­nos, los ojos fijos y la res­piración con­teni­da, con­tem­p­lan­do la lucha de aque­l­la gota como si fuera en ello mi propia vida”.

Solo puedo hacerle una crítica a esta novela:

Hay un momen­to en el que el señor B. pien­sa que preferiría estar inter­na­do en un cam­po de con­cen­tración, porque le parece más fácil sopor­tar el tra­ba­jo duro y el haci­namien­to que la soledad. Entien­do que cuan­do escribió esta nov­ela, Zweig no era con­sciente de los mil­lones de per­sonas asesinadas, ni de las aber­ra­ciones cometi­das en esos cam­pos. Aún así, ese frag­men­to me ha dolido.

Pero tam­bién quiero insi­s­tir en que Nov­ela de aje­drez es una críti­ca al rég­i­men nazi, y una denun­cia a sus méto­dos, sus tor­turas, y el expo­lio económi­co y artís­ti­co que llevó a cabo. En eso el autor es muy claro, aunque en mi opinión la críti­ca y la con­de­na deberían ser mucho más severas.

Novela de ajedrez es una joya de la literatura.

El tal­en­to nar­ra­ti­vo del autor es impre­sio­n­ante. En poco más de sesen­ta pági­nas con­sigue mezclar unos per­son­ajes psi­cológi­ca­mente com­ple­jos con la his­to­ria de una tor­tu­ra, con­sigu­ien­do que el rela­to resulte ameno y adic­ti­vo, porque intri­ga e involu­cra al lec­tor. Es un libro que se lee en unas horas, pero que deja poso y resul­ta difí­cil de olvi­dar. Además, nos hará emo­cionarnos e inclu­so son­reír iróni­ca­mente en algunos momentos.

Os la recomien­do sin ningu­na duda. Y si os quedáis con ganas de más, podéis des­cubrir otra fac­eta del autor con uno de sus ensayos.

¿Qué opináis vosotros? Si habéis leí­do este libro, ¿os gustó? Si no lo conocíais, ¿os apetece dar­le una opor­tu­nidad? Espero vue­stros comentarios.

Por hoy me despi­do con un abra­zo para todos. Nos leemos en la próx­i­ma entra­da, y has­ta entonces, no olvidéis seguir dis­fru­tan­do de la lectura.

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4 comentarios

  1. Alexandra Alexandra

    No he leí­do “Aje­drez” pero sí “La impa­cien­cia del corazón”, cier­ta­mente es una bue­na nov­ela, con una gran riqueza de vocab­u­lario y un conocimien­to exten­so del ser humano y sus com­ple­jas emo­ciones. Con­sigue describir con pal­abras, pro­fun­das y a veces tor­tu­osas emo­ciones. Y en estas descrip­ciones tan min­u­ciosas, has­ta el rincón más recón­di­to del alma, es donde muy a mi pesar se me ha hecho lento.

    • Flecha-literaria Flecha-literaria

      Alexan­dra, me parece muy intere­sante cómo describes “La impa­cien­cia del corazón”. Yo aún no la he leí­do, pero sin duda lo haré. Porque pre­cisa­mente esa min­u­ciosi­dad en las emo­ciones es lo que más me atrae del autor.
      Muchas gra­cias por tu comen­tario, me ha hecho mucha ilusión. Un abrazo.

  2. Suzy_Q Suzy_Q

    Respec­to a la críti­ca que comen­tas, efec­ti­va­mente Zweig, judío, no llego a ver el exter­minio nazi. De hecho, él y su esposa se sui­ci­daron en febrero de 1942 porque creían que el nazis­mo se iba a exten­der por toda Europa. 🙁

    • Flecha-literaria Flecha-literaria

      Muchas gra­cias por tu comen­tario. No conocía nada de la biografía del autor, pero aho­ra que me has dicho esto estoy de acuer­do con­ti­go en que es muy triste. Espero que nun­ca más teng­amos que volver a vivir algo tan ter­ri­ble. Un abrazo.

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