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Despertar — Gaito Gazdánov

Des­per­tar es una nov­ela psi­cológ­i­ca en la que la sen­si­bil­i­dad, la intu­ición y las emo­ciones de los per­son­ajes tienen mucha importancia.

Nos cuen­ta la his­to­ria de Pierre, un oficin­ista nor­mal y cor­ri­ente, que un día conoce a una mujer que ha olvi­da­do todo su pasa­do y vive como un ani­mal: no habla, no entiende, está sucia y tiene miedo. Nadie sabe quién es ni de dónde viene, así que la lla­man, sim­ple­mente, Marie. Pierre decide llevársela con él a su casa, curar­la y lograr que pue­da volver a inte­grarse en la sociedad. No sabe que ese pro­ce­so le obligará a enfrentarse a sus pro­pios miedos, revis­ar sus recuer­dos y tomar algu­nas deci­siones muy dolorosas.

Lo que me entusiasma de esta obra es que apenas hay acción. 

La tra­ma avan­za a través de los pen­samien­tos y los diál­o­gos de los per­son­ajes. Y eso provo­ca con­se­cuen­cias muy llamativas.

Por ejem­p­lo, aunque el pro­tag­o­nista lucha en la guer­ra, es un tema que no le intere­sa, y del que no le gus­ta hablar. Así que su estancia en el frente no ocu­pa más que unos pár­rafos del libro. Lo mis­mo sucede con la ocu­pación de París por los ale­manes; para él solo es una inter­rup­ción breve, porque la vida con­tinúa, pase lo que pase.

Hay muy pocas descrip­ciones, y la may­oría son tan bel­las como esta:

«En los últi­mos meses, había vis­i­ta­do el cemente­rio con menos fre­cuen­cia: los paseos arbo­la­dos, el uni­forme verde desteñi­do del vig­i­lante, que olía a humo de pipa y vino tin­to, y las láp­i­das inex­pre­si­vas con inscrip­ciones: todo ese mun­do fan­tas­mal de mús­cu­los descom­puestos, sen­timien­tos desa­pare­ci­dos, expec­ta­ti­vas engañadas, deseos que no tuvieron tiem­po de ser satisfechos…».

Además, en esta his­to­ria con­viv­en dis­tin­tos mod­e­los de vida y pensamiento.

Hay quien des­deña el enorme poder de los sen­timien­tos, y pre­tende reducir el mun­do a leyes y fór­mu­las com­pren­si­bles. Algunos per­son­ajes viv­en y mueren según los dic­ta­dos de la religión, otros bus­can el amor y la pasión, y otros sim­ple­mente dejan pasar los días, sin que su exis­ten­cia ten­ga un propósi­to. En ese sen­ti­do, Des­per­tar es como un catál­o­go de tipos humanos.

El punto fuerte de Despertar son sus reflexiones filosóficas. 

Una de ellas tra­ta sobre la relación médico-paciente.

A medi­da que la salud de “Marie” mejo­ra, Pierre empieza a sen­tirse como si él la hubiera crea­do de la nada, como si le hubiera dado la vida, y entra en una mega­lo­manía muy peli­grosa. No quiere que se marche, y es con­sciente de que ella ced­ería fácil­mente a un chan­ta­je psi­cológi­co. Pero, por otra parte, sabe que manip­u­lar­la sería una vileza. El debate entre su egoís­mo y su con­cien­cia es real­mente muy interesante.

Los recuer­dos de “Marie” nos con­ducen a otro tipo de ideas.

En primer lugar, describen un modo de vida que ya no existe. La guer­ra ha cam­bi­a­do a la sociedad, y los super­vivientes ni pien­san ni sien­ten como antes; así que, aunque quisiera, ella ya no podría volver a su antiguo mundo.

Me gus­ta tam­bién cómo anal­iza el mat­ri­mo­nio, tan­to el suyo pro­pio como el de sus padres. El autor describe con gran sen­si­bil­i­dad sus emo­ciones: la búsque­da de la feli­ci­dad, la pér­di­da de las ilu­siones y la depre­sión que le provocó la fal­ta de amor.

Mi reflex­ión favorita es la que habla de la uni­formi­dad de pen­samien­to y el tri­un­fo de la mediocridad:

«[…] en las condi­ciones de la civ­i­lización mod­er­na, inevitable­mente se desar­rol­lará un tipo medio de per­sonas que no man­i­fes­tarán su indi­vid­u­al­i­dad. […] La difer­en­cia de ori­gen, heren­cia y car­ac­terís­ti­cas per­son­ales quedará bor­ra­da grad­ual­mente por el modo de vida en el que ape­nas habrá for­ma de destacar. Y si esto con­tinúa, entonces la cul­tura, y en par­tic­u­lar el arte, estará en peli­gro de desa­pare­cer. Hoy en día es difí­cil imag­i­narse la apari­ción de un Sófo­cles, un Leonar­do da Vin­ci, un Shake­speare, no porque ya no puedan exi­s­tir tales genios, sino porque la civ­i­lización mod­er­na se car­ac­ter­i­za por una ten­den­cia a nive­lar a las personas».

Solo por esta cita, ya merece la pena leer la novela.

Pero, por supuesto, ninguna obra es perfecta y Despertar también tiene algunos detalles que no me gustaron. 

Al prin­ci­pio hay algunos saltos tem­po­rales que no están bien integrados.

Es difí­cil enten­der qué ha orig­i­na­do ese recuer­do, por qué de repente el pro­tag­o­nista pien­sa en su infan­cia. Y vicev­er­sa: si esta­ba tan absorto en sus pen­samien­tos, ¿qué es lo que le dis­trae y le hace volver al pre­sente? Por otra parte, hay ref­er­en­cias al pasa­do que real­mente no apor­tan nada a la tra­ma, como la efímera obsesión por las cajas de ahorros.

Hay algo que no enca­ja en el final.

Es fácil imag­i­nar el desen­lace de la his­to­ria. Y, en este caso, no me impor­ta que sea pre­vis­i­ble, porque tam­bién es lógi­co y muy coher­ente con los per­son­ajes. Lo que me moles­ta es que el autor, en las últi­mas pági­nas, inten­ta meter a la fuerza una intri­ga nada creíble cuan­do ya no hay mar­gen para desar­rol­lar­la. Si en vez de eso, hubiera pasa­do direc­ta­mente a la con­clusión, me habría pare­ci­do un final redon­do y mucho más satisfactorio.

A cambio, todo lo demás me ha gustado mucho. 

La his­to­ria es sim­ple, pero está con­ta­da de una man­era intimista, que con­sigue que el lec­tor se implique.

Por una parte, es inevitable pre­gun­tarse si  “Marie” con­seguirá o no volver a com­por­tarse como un ser humano, y qué hizo que perdiera la memo­ria. Pero, en real­i­dad, esa no es la his­to­ria que cuen­ta Des­per­tar. Lo que ver­dadera­mente impor­ta es el efec­to que tiene todo el pro­ce­so en Pierre.

Los per­son­ajes evolu­cio­nan, apren­den, se sor­pren­den a sí mis­mos y al lector.

La con­struc­ción de per­son­ajes es exce­lente. Me gus­ta, sobre todo, com­parar a las tres mujeres: “Marie”, la tía Jus­tine y la madre de Pierre no tienen nada en común, pero todas son muy humanas y abso­lu­ta­mente creíbles.

He dis­fru­ta­do con la var­iedad de temas que abor­da la novela.

Además de los ya men­ciona­dos, tam­bién el arte, la nat­u­raleza y la muerte tienen gran relevancia.

Tardé poco tiem­po en leer Des­per­tar, pero la digestión ha sido lenta.

Al igual que Un mun­do feliz, esta nov­ela ha conec­ta­do con mi miedo a la uni­formi­dad de mentes, algo que cada vez me pre­ocu­pa más. Pero tam­bién me indigna la inca­paci­dad de Pierre para recono­cer su pro­pio heroís­mo, y el hecho de que se le con­sidere un “tipo medio”. Eso me hace pen­sar en cuán­to tal­en­to se des­perdi­cia en el mun­do real, porque cada vez nos cues­ta más ver cómo somos de ver­dad, y nue­stro poten­cial. Y, cómo no, me parece muy impor­tante lo que cuen­ta Gazdánov sobre la depre­sión de “Marie”, porque por des­gra­cia es algo que muchas mujeres siguen sufrien­do hoy en día.

Esta his­to­ria te revuelve por den­tro, conec­ta con tus recuer­dos y viven­cias, y te invi­ta a proce­sar­los de nue­vo, tal vez de otra man­era. Lo más curioso es que un libro pub­li­ca­do en 1965 siga sien­do tan actual.

Como veis, me sobran los motivos para recomen­daros Des­per­tar. Espero que os ani­méis a dar­le una opor­tu­nidad a esta nov­ela y que me dejéis muchos comen­tar­ios con vues­tra opinión sobre ella.

Por hoy me despi­do con un abra­zo para todos. ¡Leed mucho!

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